[Efesios] “Nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria. Y también vosotros –que habéis escuchado la Verdad, la extraordinaria noticia de que habéis sido salvados, y habéis creído– habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido; el cual –mientras llega la redención completa del pueblo, propiedad de Dios– es prenda de nuestra herencia.”

[Lucas] “Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos: -Cuidado con la levadura de los fariseos, o sea, con su hipocresía.”

Desde la Encarnación del Hijo de Dios, la entera Humanidad ha quedado marcada con Su sello en cada uno de sus miembros. En la Persona de Jesucristo se han unido para siempre la divinidad y la humanidad de forma que todo ser humano puede ver expresada en Jesús la intención primera del Creador y la vocación última de todos los seres humanos: unirse a Cristo desarrollando una humanidad como la Suya durante nuestra vida para que Su divinidad nos lleve en el Espíritu Santo a participar de la glorificación/divinización de todo lo realmente humano tras la muerte. Ese es el destino del pueblo propiedad de Dios: los pueblos de toda la Tierra.

La comunión con Cristo desde el Bautismo y por la Eucaristía nos une como hijos de Dios a todos los seres humanos no ya como a nuestros semejantes sino como a quienes han sido puestos en el ser por el Padre para llegar a ser hijos Suyos y participar de la plenitud de humanidad de Jesús en esta vida y de la gloria de Cristo en la vida por venir. Aquí se funda la fraternidad universal en la que creyó San Francisco de Asís. Por vivirla, por ver en cada semejante a un hermano y tratarlo en consecuencia, el Santo de Asís se convirtió en historia memorable y perdurable, el primero después del Único.

Por todas partes, tanto dentro de la Iglesia como en cualquier estamento de la sociedad civil, la hipocresía de los fariseos sigue “agriando a muchos el pan de Cristo” a día de hoy. Sembrando enfrentamientos, encastillándose en las propias ideas y pareceres, acumulando bienes, maltratando la Creación…, muchos son los modos en que no pocos combaten hoy la igualdad y la fraternidad universales por las que Jesucristo dio la vida. De palabra o de obra, los cristianos y toda persona de buena voluntad hemos de derribar los obstáculos para que se levante una nueva comunidad humana unida por la amistad social y la corresponsabilidad de los unos hacia los otros, porque es la única manera de vivir el presente con dignidad y hacer posible un futuro con esperanza.