Con la edad de la juventud llega la hora de las primeras decisiones. Y, aunque el joven esté ayudado por su familia y amigos, al final, la toma consigo mismo y con su conciencia moral. El joven, cada vez más a menudo y de modo más determinante, deberá asumir su destino: Bien y mal, gracia y pecado, vida y muerte… se enfrentarán cada vez más en su interior con categorías morales, pero también y sobre todo con opciones fundamentales que habrá de efectuar o rehusar con lucidez y sentido de responsabilidad.

Es evidente que una catequesis que denuncie el egoísmo en nombre de la generosidad, que exponga sin simplismos ni esquematismos el sentido cristiano del trabajo, del bien común, de la justicia y de la caridad, una catequesis sobre la paz entre las naciones, sobre la promoción de la dignidad humana, del desarrollo, de la liberación tal como las presentan documentos recientes de la Iglesia complementará al joven en el conocimiento de las realidades y estará atendido en sus luchas internas en esta etapa tan complicada.

La catequesis cobra entonces una importancia considerable, porque es el momento en que el evangelio podrá ser presentado, entendido y aceptado como capaz de dar sentido a la vida y, por consiguiente, de inspirar actitudes de otro modo inexplicables: renuncia, desprendimiento, mansedumbre, justicia, compromiso, reconciliación, sentido de lo Absoluto y de lo invisible, etc., rasgos todos ellos que permitirán identificar entre sus compañeros a este joven como discípulo de Jesucristo.

La catequesis prepara así para los grandes compromisos cristianos de la vida adulta. En lo que se refiere por ejemplo a las vocaciones para la vida sacerdotal y religiosa, matrimonial, vida laboral y pertenencia a una comunidad. Naciendo muchas de ellas en el curso de una catequesis bien llevada a lo largo de la infancia y de la adolescencia.

Desde la infancia hasta el umbral de la madurez, la catequesis se convierte, pues, en una escuela permanente de la fe y sigue de este modo las grandes etapas de la vida como faro que ilumina la ruta del niño, del adolescente y del joven. Por ello, en San Juan de los Reyes, afrontamos la catequesis con unos objetivos juveniles muy claros:

  1. Formar y suscitar aptitudes cristianas. La catequesis pretende suscitar “seguidores” de Cristo, hombre que alcanza su plenitud en Cristo. Suscitando aptitudes cristianas, es decir, maneras de ser y vivir en cristiano.
  2. Incorporar a la Iglesia. Una Iglesia entendida como una comunidad de hermanos. Pueblo de Dios. Reunión viva y activa de hermanos… como experiencia de Iglesia.
  3. Iniciar el encuentro con Dios en la Oración y la Liturgia. No se trata de enseñar oraciones, sino de enseñar a orar, a relacionarse con Dios. La catequesis tiene que desembocar en la oración individual y comunitaria como respuesta del creyente a la Palabra de Dios.
  4. Llevar al compromiso temporal y apostólico. La catequesis ha de ayudar al compromiso de una fe viva y manifestada en obras. Catequesis que desemboque en la vida… acciones concretas que construyan el Reino de Dios.
  5. Hacer un acompañamiento misionero-catequéticocon los preadolescentes y jóvenes.
  6. Ofrecer un tipo de catequesis que responda a la problemática de estas edades:
    • Antropológica: Que parta de sus experiencias de cambio y de búsqueda de identidad.
    • Cristocéntrica: Que presente a Jesucristo como modelo a seguir.
    • Activa y participativa: Que responda a la psicología de los preadolescentes.
  1. Integrar la FE en tu proyecto de futuro, y descubrir que merece la pena vivir la vida desde esta perspectiva.
  2. Propiciar momentos de encuentro personal con Dios: Vivir solos o con otros compañeros la experiencia de compartir amistad, trabajo, búsqueda y reflexión.
  3. Entender la confirmación como compromiso aceptado, no siendo una meta sino el comienzo de un largo camino de superación.

Como en todo proceso formativo de los niños y jóvenes, los padres son parte esencial del mismo. El ejemplo y la motivación determinan el interés y el aprendizaje del niño. La parroquia participa en este proceso pero los padres son el valor formativo más importante.