Si Romanos 8 es la página más sublime y fundamental de la Sagrada Escritura, como decía el beato Pablo VI, el resto de la Carta es cualquier cosa menos prescindible. Para muestra bien vale el botón de la liturgia de la Palabra de hoy.

[Romanos] “Somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro está al servicio de los otros miembros. Los dones que poseemos son diferentes, según la gracia que se nos ha dado, y se han de ejercer así. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. Servid constantemente al Señor, Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración. Tened igualdad de trato unos con otros: no tengáis grandes pretensiones, sino poneos al nivel de la gente humilde.”

La vida cristiana es celebración, aún más, es concelebración de una alegría y una fecundidad que crecen más cuanto más se comparten, cuanto más se pone lo mejor de lo propio al servicio de los demás y cuanto más se logra que la obra de Dios en uno mismo haga mejor la vida de otros por sabernos enviados a vivir la misión de poner la Luz y el sentido vital que Otro nos ha dado en el surco de la vida de otros. No todos lo entienden/entendemos y no todos saben/sabemos corresponder.

[Lucas] “Entonces el dueño de casa, indignado (por el desprecio de los Suyos a la Vida y al Banquete que les ofrecia), le dijo al criado: “Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.” El criado dijo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio.” Entonces el amo le dijo: “Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.” Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.”

Dejémonos de rancias explicaciones sobre la virtud y la santidad y, como cristianos que queremos llegar a ser, dejémonos enseñar por Jesucristo y aprendamos a hacer de la vida un alarde de alegría y plenitud por hacer nuestra Su forma de vivir.  Hagamos mejor la vida de otros por cultivar la gracia de Dios y ponernos en función de los demás. Una novedad ésta tan radical entre tantos debates políticos que necesariamente nos hará más auténticos y significativos, mejores evangelizadores para difundir el afán de resistir al desaliento y el conformismo. No me canso de recordar aquel eslogan del 68 francés: “Si no te gusta el mundo vengate: se mejor que él.”