Cuando el Papa Francisco habla de “ecología integral” habla de “Justicia, paz e integridad de la creación”. La institución eclesial JPIC nace de una espiritualidad centrada en el proyecto de VIDA de Dios para toda su creación, en el que nos llama a colaborar; nace y se alimenta del descubrimiento del rostro del Dios de Jesús, que se revela en la historia y a quien se encuentra en la realidad.

Los ojos del espíritu, la mirada de fe, la experiencia de Dios en la vida cotidiana nos han de abrir los ojos y la mente a una mirada contemplativa hacia todo ser humano y hacia toda criatura, a la fascinación ante la epifanía de Dios en la normalidad de la vida y de las cosas.

En esta espiritualidad es fundamental la imagen de Dios que nos trasmite la Biblia y que nos ha revelado Jesús de Nazaret. Desde la revelación bíblica Dios es el LIBERADOR y COMPASIVO, que ama la justicia y el derecho, defiende a los oprimidos, a los pobres e insignificantes (cf. Ex 2, 23-25; 3,7-10; Deut 26,5-11; Salmos 72, 103; 146).

Vivir desde la JPIC lleva a vivir un estilo de vida pobre, fraterno, solidario y ecológico, y a implicarse, personal y comunitariamente, en la transformación del injusto sistema social, económico y político que rige hoy nuestro mundo, en defensa de la dignidad de todo ser humano, y en contra de toda clase de opresión, injusticia y violencia; construyendo una PAZ, que es don de Dios y tarea humana, y que sólo se construye desde la verdad, la libertad, la justicia y el amor; y cuidando la sostenibilidad del planeta.

El cristiano es alguien que vive de la mano de Cristo, en pos de Él, pisando sus huellas en cuanto sus fuerzas y la gracia que las multiplica se lo permiten. De este seguimiento e imitación de Cristo brota la “vida de penitencia franciscana”, como una permanente búsqueda del rostro del Dios sumamente amado y de su voluntad por saber, sentir y reconocer su Presencia en cada pliegue de la vida y de la realidad que nos circunda.

De aquí brota nuestro sentido de fraternidad, que no se refiere a ningún grupo humano o personas concretas sino que consiste en una forma de ser y de existir en medio de la realidad: vivimos la fraternidad en medio de la naturaleza, de la Creación, porque cada uno de nosotros es una “criatura fraterna” por divina inspiración, y en nuestra fraternidad local, en la comunidad o grupo donde compartimos y desarrollamos nuestra fe y nuestras convicciones aprendemos a ser lo que Dios quiere que seamos en toda circunstancia y lugar.

La minoridad de Dios, esa divina humildad del más grande que se hace ínfimo por amor al más pequeño, es la nota que todos los franciscanos llevamos impresa en el ADN de nuestra identidady que nos hermana con todas las criaturas con un sentido ecológico que encuentra su más alta expresión en la justicia social.

La vida de toda criatura es una maravilla a contemplar y venerar, pero la vida de cada ser humano es la única realidad tan sumamente sagrada que se nos revela como un fin en sí misma, una especie de sacramento de Dios. Por ello, amemos y veneremos la Creación para que cada persona -creada por Dios para ser hij@ suy@ en Cristo y por Él- pueda tener una vida mejor, una vida a la que nuestra propia vida aporte todo el amor y el apoyo que puedan ofrecer nuestras manos cristianas.