[Lucas] “Los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: -Ese acoge a los pecadores y come con ellos.
Jesús les dijo esta parábola: -Sí uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? (…)”.

Todos tenemos el mismo origen, la misma dignidad e idéntica vocación y destino en Dios. El camino entre el inicio y el destino es tan personal y único como lo somos cada uno pero todo lo demás nos hace iguales, incluso el pecado y tanto que callar como tenemos todos. Por eso Jesucristo ha venido a buscar a todos y cada uno porque nadie es prescindible para Él y nadie es tan irreprochable y bueno como para no necesitar Su comprensión, Su perdón y Su misericordia. Todos le necesitamos a El como El necesita de cada uno con esa extraña necesidad del amor que hace vulnerable al amante.

La igualdad que nos une a todos, tanto a los ojos de Dios como a los de la verdad de la vida y del sentido común, nos debería hacer más indulgentes y compasivos con los demás a la vez que más exigentes con  nosotros mismos a la hora de hacernos una opinión o, sobre todo, emitir un juicio sobre alguien.  Estamos hechos del mismo barro y lo que nos diferencia son las circunstancias por las que pasa nuestra vida desde que llegamos al mundo. Sin ignorar la responsabilidad de la libertad de cada cual, antes de juzgar o descalificar a alguien hagamonos esta pregunta, ¿estoy seguro de que yo sería muy distinto y obraría diferente si hubiera tenido sus mismas circunstancias y experiencias? Dios pondrá cada cosa en su sitio con justicia, sabiduría y misericordia. Ese es “su trabajo “, no el nuestro.

[Rom] “Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos. Tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? Y tú, ¿por qué desprecias a tu hermano? Todos compareceremos ante el tribunal de Dios.”