[Sabiduria] “Aprended, soberanos de la tierra. Estad atentos los que gobernáis porque un juicio implacable espera a los que mandan; al pequeño, por piedad, se le perdona, pero los poderosos serán poderosamente castigados. Un examen severo espera a los que están en el poder.”

Muchas familias de clase media -y todas aquellas que no consiguen llegar a tanto-, parados o empleados con condiciones laborales leoninas, pequeños empresarios y autónomos asfixiados, personas honestas de cualquier nacionalidad que sólo buscan salir adelante un día tras otro, … todos estos, junto con aquellos que quedan por debajo sociológicamente, sufren las consecuencias de la situación política global y nacional por sus repercusiones en el mercado laboral y en la economía. La situación no muestra visos de mejora por lo que resulta francamente difícil mantener un optimismo creíble incluso ante uno mismo. Los más débiles de la sociedad, la mayoría, padecen por esto situaciones de angustia y estrés, debilitamiento de la esperanza, aumento de agresividad, crisis las relaciones “de sosten”, parejas enfrentadas, dificultades familiares,…

“Donde no hay harina todo se vuelve tremolina”, dice el refrán. Es hoy imprescindible cultivar la tan citada resiliencia, la voluntad de resistencia que diría el comunista Ernesto Sábato, pero con una motivación interior que no nos arroje en brazos de la conflictividad sino que nos ofrezca esperanza y capacidad de fortalecernos a pesar de la situación adversa en que cada uno se encuentre. Necesitamos levantar la mirada de la adversidad de la vida cotidiana para encontrar una perspectiva desde la que volver a contemplarla con otros ojos, con otras expectativas, con otra motivación.

“A los que aman a Dios todo les sirve para el bien.” Los diez leprosos del evangelio de hoy padecian una existencia miserable y todos ellos encontraron la salud pero sólo uno aprendió a reconocerla como el principio del resto de su vida por un encuentro con Jesús que todo lo hacía nuevo. Procurando permanecer con Él podemos rehacer nuestro proyecto de vida y nuestra escala de prioridades, replantear nuestras necesidades y volver a poner lo importante por delante de lo urgente. Con Sabiduría del Evangelio hemos de volver a poner a las personas por delante de las cosas para servirnos de todas éstas de modo que podamos disfrutar de la unión con aquéllas. El sabio es capaz de “sacar leche de una alcuza” y, ahora mismo, son tantos los que necesitan que seamos sabios…