En la Historia de la salvación y en el estudio de la Sagrada Escritura se distingue una profecía verdadera de otra falsa porque la primera se empieza a cumplir durante el tiempo de la vida del profeta y sus oyentes, aguardando así su pleno cumplimiento en el futuro. El evangelio de hoy presenta una profecía de Jesús sobre la infidelidad del Pueblo de Dios, las consecuencias de dicha infidelidad y de la suerte de las naciones y las gentes ante Su regreso al fin del mundo según la rectitud de la conciencia de cada uno.

[Lucas] 1.”Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora.”

Hacia el año 70 d.C. tuvieron lugar las llamadas “guerras judías” que condujeron a la destrucción del templo de Salomón y a que Jerusalén fuera arrasada por los romanos (“los gentiles”). El pueblo de nuevo quedó desterrado y con la identidad tan rota en la diáspora como quedó su templo.

2. “Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad, ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán. Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.”

El desastre del Pueblo de Dios por no haber reconocido la venida del Mesías, rechazándole hasta crucificarlo, sirve de escenario para recordar que el mundo material tendrá un final como tuvo un principio. El fin del mundo sobrevendrá cuando Jesucristo regrese en Su gloria para ese Juicio universal en el que se dará a cada uno según sus obras y la rectitud de su conciencia.

3. “Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.”

Los hombres y mujeres de buena voluntad y conciencia recta y fiel padecerán incomprensiones y persecución en todo tiempo. Para ellos, la venida del Señor “en el último día” no será motivo de terror sino ocasión para la satisfacción de sus esperanzas de vida nueva en la Justicia del Reino de Dios y en la plenitud de vida a la que el Señor conducirá a los Suyos, “ya sean de los últimos que de los primeros”. Aprendamos de la historia pasada (1) para saber afrontar nuestro futuro (2 y 3).