El mensaje de las lecturas de la Palabra de este domingo nos pone alerta sobre un día en el que todo lo que conocemos se acabará y comenzará algo totalmente nuevo.Pero, de alguna manera, ¿acaso no necesitamos algo así?; ¿no vemos que los hombres nos damos más la espalda unos a otros cuanto más le damos la espalda a Dios?; ¿no podremos adoptar otra perspectiva vital para que tantos enfrentamientos y violencia no nos roben más la esperanza?; ¿no necesitamos que este “orden” mundial tenga fin o que, al menos, nuestra vida sea distinta del mundo?

[Isaías] “De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Caminemos a la luz del Señor.”

Isaías entiende nuestro sentimiento de frustración y excita nuestro deseo de procurar un mundo mejor y un modo de vivir diferente.  Isaías ilumina nuestra impotencia con la luz de la esperanza que se apoya en la certeza de que Dios dota a los que le aman de una nueva luz para poder permanecer en vela, sin resignarse ante las noticias de los periódicos y sin abandonarse al “dolce far niente” de los cínicos ebrios de escepticismo.

El Señor nos sigue llamando a la responsabilidad, a permanecer en vela, a no vivir aletargados sino como los primeros responsables de nuestra realización personal y de nuestra santidad. El Adviento es tiempo de esperanza renovada y de coraje multiplicado para hacer que nuestra vida sea más semejante a lo que quiere Dios.

No temamos ni a la muerte ni al fin del mundo. Temamos sólo a conformarnos con una vida vacía de sentido y llena de esperanzas humanas rotas que no nos harán vivir con más que con nostalgia por una vida mejor y remordimientos por haber abandonado la persecución del ideal de nuestra fe. Dios quiere conducirnos a una vida más plena y feliz. No le hagamos la contra.