Hoy vemos en el evangelio cómo los primeros llamados por Jesús, cuatro futuros apóstoles y entre ellos Andrés, estaban ganándose la vida enredados con mil cosas cuando recibieron la llamada.

Ganarse la vida con el trabajo de las propias manos es duro y a menudo ingrato porque los esfuerzos se multiplican y “no siempre” el sostén que  se obtiene para uno mismo y para la propia familia responde a tanto. Es la historia de cualquier trabajador, pero estos cuatro descubrieron un trabajo que siempre está sobrepagado y en el qué nunca hay desempleo porque siempre hay trabajo para uno más: la evangelización. Andrés y los otros, tras mirar a los ojos al que los llamaba y escuchar Su Palabra “dejándolo todo lo siguieron.”

Iniciando la novena a la Inmaculada Concepción no podemos no tener en cuenta a María como evangelizadora, como oyente bien dispuesta de la Palabra, como portadora y transmisora de Aquél que, aún en el silencio, siempre se hace oír cuando un corazón le quiere escuchar. María es  evangelizadora no por hacer oír su palabra -seis nada más nos dirige en todo el Evangelio- sino por escuchar obediente y dócilmente a quien ofrece la Palabra de la Verdad que nos conduce siempre a la Paz y la Caridad.

María fue evangelizadora desde que fue fecundada por la Palabra de Dios, llevándola en su corazón y en su seno virginal y comunicándola al mundo en la Visitación, en el seguimiento hasta el Calvario y en la perseverancia en la oración. Estos momentos de la vida de Nuestra Señora nos señalan el modo de ser constituidos también nosotros en evangelizadores: escuchando y acogiendo la Palabra de Dios con deseos de hacerla vida; dando a luz a la Palabra por nuestras obras de misericordia, justicia y caridad; haciendo de la oración esa gestación de la Vida que Dios nos ha sembrado dentro y que más crece en nosotros cuanto más le permitimos ocupar el centro de nuestro tiempo y de nuestras motivaciones. María fue evangelizadora y, como madre y maestra de cristianos, nos enseña a serlo también nosotros, siempre “por obra y gracia del Espíritu Santo”.