En 1617 el pueblo de Toledo, en las autoridades del Ayuntamiento y de la Universidad, cerraba filas con la Orden Franciscana en la defensa del privilegio de la Inmaculada Concepción de María, nuestra Señora. Poco antes, en Toledo se había fundado la primera cofradía dedicada al culto de la Inmaculada y la primera orden religiosa consagrada a la Inmaculada Concepción, las concepcionistas de Santa Beatriz de Silva; Cisneros y su reina Isabel fueron los artífices.
Año tras año se renueva en San Juan de los Reyes ese voto con una afluencia multitudinaria de fieles. El pasado 6 de diciembre Nos reunimos en la Santa Catedral Primada una multitud que nadie casi podría contar para celebrar a nuestra Señora y Madre, al amparo de santa Bernardita Soubirous, cuyas reliquias nos acompañaron por las calles de Toledo desde Zocodover y hasta la iglesia parroquial de los hermanos franciscanos en Toledo. Una vez allí, con el templo reventando de luz y del gozo de la asamblea que lo llenada a rebosar, se renovó el voto inmaculista como seña de identidad de un pueblo que fue grande en el pasado y lo es hoy, no por glorias como las pretéritas sino por la grandeza de su fe y de su amor a la madre de Jesucristo, Señor nuestro. Esa es la fuerza y la belleza de nuestro Toledo hoy, una grandeza que nos abre a todos y nos hermana a todos en la búsqueda de una sociedad levantada para alargar a todos la belleza, la justicia y la igualdad del Evangelio.







