[Marcos] “La multitud que lo oía se preguntaba asombrada: -¿De dónde saca todo eso? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María? Jesús les decía: -No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.”

Se denomina como post cristianos a los habitantes de tierras “tradicionalmente cristianas” de finales del siglo XIX en adelante. Los cristianos de la tan basta sociedad de esquema occidental creemos en Jesucristo pero la revolución industrial primero junto con la tecnológica después y todas las revoluciones políticas acaecidas entre ambas han “distraído nuestra atención” de modo que nos lanzamos hacia saberes y convicciones nuevas, “más estimulantes, sencillos y rentables” porque, a fin de cuentas, a Cristo ya nos lo sabemos de memoria. Somos generaciones de post cristianos porque hemos dejado a Jesucristo atrás y nuestra fe tiene, a menudo, más de costumbre y sincretismo neopagano que de vida y convicción. Por esta razón, nuestra conciencia es más vulnerable ante las certezas progresistas de cualquier tipo de ideología y nuestra identidad es más frágil ante los rasgos fuertes de quienes hacen la contra al cristianismo.

¿Hace cuánto no nos sorprende el Evangelio?  “Donde hay confianza da asco”, dice un refrán,  y hemos tomado tanta confianza con Jesús que hemos olvidado a Cristo; Jesús, al fin y al cabo, no es más que un hombre formidable pero pasado si no lo adoramos como al Hijo de Dios y Dios verdadero y no lo tomamos como Maestro de Vida y Señor de nuestras opciones y conducta a través de Su Palabra viva. Sus mediaciones ya no son eficaces para muchos cristianos pues ser Iglesia “ya no trae cuenta” y la conciencia personal, luminosa y bien formada, es cada vez más reemplazada por esa conciencia colectiva cocinada por unos pocos e insertada como doctrina concluyente con dogmas y mesías que ni liberan, ni reconcilian, ni hermanan.

Quien pretenda cultivar confianza y comunión con Cristo, preserve y robustezca ese sagrario último de la Voz de Dios que es su conciencia antes de que le sea arrebatada y sea reducido a otro gritón de máximas y titulares que ni cree ni comparte en realidad.