[Santiago] “¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? Codiciáis y no tenéis; matáis, ardéis en envidia y no alcanzáis nada; os combatís y os hacéis la guerra. No tenéis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal.”

[Salmo] “Encomienda a Dios tus afanes, que Él te sustentará.”

[Marcos] “-«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.”

El mensaje de las lecturas de hoy está claramente en continuidad del mensaje de ayer y, no por casualidad, ese mensaje precede al comienzo de la cuaresma con la imposición de la ceniza. “Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás” o “Conviértete y cree en el Evangelio”, nos dirán el miércoles mientras se deposita la Ceniza sobre nuestras cabezas.

Conviértete, deja de simular que eres más de lo que eres, mírate desde Dios y reconcíliate con ese pellizco de ceniza que eres sin necesitar ser más ante tus propios ojos o ante los de los demás. Cree en el Evangelio y experimenta cómo Dios convierte tu ceniza en barro para modelar la figura de la persona que estás llamada a ser y para insuflar en ti el soplo renovador del Espíritu de Cristo.

Estremécete y goza al sentir cómo el Creador abraza tu Ceniza y la modela con Sus manos, acariciando tu miseria para transformarla por pura misericordia en ocasión de vida nueva, en un  nuevo principio. No tengas miedo de reconocer tu pequeñez pues en ella se recoge la semilla de tu grandeza. Solo tienes que creer, solo tienes que comenzar, otra vez, a poner la verdad de tu vida en las manos de Dios y ante tus propios ojos. Cuando llegues a mirarte como Dios te mira y veas como Él lo que puedes llegar a ser tú también dirás “Todo es muy bueno”. Nunca digas “soy miseria”; di “soy misericordia”.