[Lucas] “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.”

Parece un juego de palabras, una especie de trampa que espera que cerremos los ojos y creamos con esa tradicional “fe del carbonero”. Como tenemos experiencia de Dios, como sabemos quién y cómo es Jesucristo sabemos que esas apariencias engañan.

Lo más natural y espontáneo en nosotros es regirnos por nuestra naturaleza, por sus pulsiones e intuiciones, por sus apetitos y el afán de supervivencia pero, como no somos un simple animal racional, las intuiciones que en nosotros no vienen de la naturaleza física sino de la espiritual nos dicen que en las instrucciones y mandatos de un Dios que se revela, que se relaciona, que se entrega al hombre tiene que haber mucho más que palabras.

La Revelación a lo largo de la historia de la salvación acompaña, ilumina y hace crecer la capacidad de nuestro entendimiento para discernir el bien y la verdad así como la de nuestra voluntad para adherirse a ellos; mientras,  la gracia da fuerza para que podamos usar así esas dos potencias del alma y desarrollar una libertad que sea mucho más que la mera capacidad de elegir.

[Deuteronomio] “Mira: hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal. Si obedeces los mandatos del Señor, tu Dios, que yo te promulgo hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; el Señor, tu Dios, te bendecirá.”

[Salmo] “Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos; ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos, sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.”

La Cuaresma es el tiempo de reforzar la virtud de la penitencia por la que tomamos distancia y nos desasimos de lo meramente natural y pulsional (el ayuno) para desarrollar nuestras capacidades y desarrollarnos desde el primado del Tú de Dios (la oración) y del tú del hermano necesitado (la misericordia). Esa es la Ley del Amor que es Dios y con Él aprendemos a elegir de entre lo bueno lo mejor.