Tras una semana en la que el protagonismo del Espíritu Santo en las lecturas ha sido tan fantástico e ilusionante, las lecturas de la liturgia dominical no lo son menos y no nos permiten sino hacer un breve comentario para no perder Palabra de Dios por la distracción de la lírica del hombre.

[Hechos] “El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo. La ciudad se llenó de alegría. (…) Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.”

[Salmo] “Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica,
ni me retiró su favor.”

Teología narrativa, así es quizá como mejor podemos llevar hoy el anuncio de Jesucristo a las gentes, narrando lo que el Señor ha puesto en nuestra vida con altas dosis de alegría y obras significativas para cualquier hombre o mujer de buena conciencia que no se cierre voluntariamente al encuentro y al diálogo con otro por la simple razón de que dicho otro sea distinto a los demás o no se sujete como otros a las tendencias que marca la sociedad.

[1Pedro] “Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo.”

Es voluntad de Dios, es nuestra sacrosanta obligación y un precioso privilegio no privar a otros de lo que a nosotros se nos dio y nos hace fuertes para mirar por el bien ajeno, con alegría, dándonos la libertad de sacrificar lo propio cuanto sea necesario porque “lo más nuestro” es tan grande que nadie nos lo podrá nunca arrebatar. “Dar razón de nuestra esperanza” es anunciar y denunciar, de palabra y de obra, pero no como hacen los hijos del mundo sino con justicia y con verdad, para unir y no para dividir, para tocar corazones y conciencias desde un deseo de encuentro y reconciliación por el que se está dispuesto a dar cuanto la gracia nos haga fuertes para poder llegar a entregar. Este es el estilo cristiano porque es el estilo de Jesucristo.

[Juan] “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.”

No pidamos comprensión, no esperemos respeto, no anhelemos que los corazones se derritan de fe ante nuestro anuncio. Ofrezcamos nosotros comprensión, respeto y el estremecimiento del fervor porque así lo quiere Dios y lo necesitan los hombres, más aquellos que con mayor saña nos vituperen y persigan. Éste es el estilo de Jesucristo.