[Hechos] “Al pasar por las ciudades, comunicaban las decisiones de los apóstoles y presbíteros de Jerusalén, para que las observasen. Las Iglesias se robustecían en la fe y crecían en número de día en día. Como el Espíritu Santo les impidió anunciar la palabra en la provincia de Asia, atravesaron Frigia y Galacia. Al llegar a la frontera de Misia, intentaron entrar en Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo consintió. Entonces dejaron Misia a un lado y bajaron a Troas.”

¿Cuándo hemos podido nosotros tener una experiencia tan fuerte del Espíritu Santo como la que se describe en esta lectura? Lógicamente, la tercera Persona de la Trinidad no actúa como un interlocutor al uso, como aparentemente expresa hoy Hechos. Esa forma de relatar manifiesta la convicción de conciencia en la acción eficaz del Espíritu de Cristo sobre quien le abre los afectos del alma y la conciencia del corazón a la hora de buscar la imitación de la Vida de Jesucristo en el cumplimiento de la Voluntad del Padre.

La mencionada actitud interior precedía el anuncio y las decisiones de los apóstoles y presbíteros y por ello les obedecían los cristianos como mediación óptima de Dios; porque esa actitud interior precedía el anuncio de los creyentes en misión, obedeciendo a su conciencia como mediación ultima de Dios a la hora de tomar decisiones y actuar, por eso el Evangelio encendió en unas décadas todo el mundo conocido; por esa dócil escucha y libérrima obediencia de todos al Espíritu Santo “las Iglesia se robustecía en la fe y crecía en número de día en día”.

[Juan] “Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.”

Quizá nos gustaría no sentirnos tan aludidos al leer el evangelio de hoy pero, quizá por sentirnos tan aludidos, podemos percibir como una gran oportunidad la viva llamada que desde lo alto nos dirige el Padre en el Espíritu Santo para que volvamos a encender el mundo conocido con el anuncio y la denuncia que desde el Evangelio de Cristo nos inspire en cada momento el Espíritu del Señor, personalmente pero siempre como miembros de una comunidad, como Iglesia.