“Fides ex auditu”. La frase de Pablo se convirtió en un clásico adagio que ha presidido la acción misionera evangelizadora de la Iglesia desde entonces. “La fe viene por la escucha” pero, como vemos en la primera lectura o podemos identificar en los grandes episodios misioneros de la historia, esa escucha era realizada por personas religiosas que buscaban a Dios desde la tradición hebrea -como Lidia,  la vendedora de púrpura de hoy-, desde religiones lejanas como en extremo oriente, desde religiones antiquísimas u otras naturales como entre los pueblos indígenas de América, etc. Desde hace poco más de un siglo,  los oyentes del  anuncio evangelizador no son personas religiosas que busquen el rostro de la divinidad  ni creyentes en otra cosa que aquello que  puedan ver, tocar, pesar, medir y contar.

[Hechos] “Lidia, natural de Tiatira, vendedora de púrpura, que adoraba al verdadero Dios, estaba escuchando a Pablo; y el Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo. Se bautizó con toda su familia.”

En esa sociedad occidental que ha extendido por el mundo entero su, digamos, “cultura” así como su esquema social y económico no cabe un discurso religioso. En medio de tanta palabra y palabrería, entre tanta ideología, propaganda y publicidad el anuncio del Evangelio puede ser tomado por una palabra más, otro producto que alguien intenta vender.

Como desde el siglo XVI los misioneros en China o América tomaron lenguajes diversos -la música, el arte, …- al no comprender la lengua de los aborígenes, cada bautizado que reconozca la dimensión evangelizadora y misionera de su fe así como la Iglesia entera ha de aprender nuevos lenguajes, nuevos métodos y procedimientos para realizar el anuncio que da razón de nuestra esperanza mientras trata de compartir con el mundo la alegría y la belleza de la Buena Noticia de Jesucristo.  Hablamos de la Nueva Evangelización a la que tan recurrentemente nos llamaba san Juan Pablo II durante las décadas de su pontificado y a quién celebramos hoy en su centenario.

[Juan] “Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio.”

La evangelización hoy ha de distinguirse por la fuerza de la espiritualidad de los evangelizadores y la relación de esos creyentes con el Espíritu Santo, en libertad, con docilidad, con esa obediencia que dota de creatividad y convierte al mensajero en parte fundamental del mensaje porque, como decía la aún no superada “Evangelli Nuntiandi”, este mundo de hoy no nos escuchará si le hablamos como “maestros” pero sí lo hará si nos presentamos ante él como “testigos”.

Anuncio con la vida, el testimonio de la creatividad de la Caridad, la corresponsabilidad con todos a la que nos llama la Justicia de Dios para soportar los zarpazos de la vida sobre la carne de los otros y de la entera sociedad, salir de lo de siempre y buscar nuevos caminos de encuentro entre las preguntas y necesidades de las gentes y las respuestas del Evangelio… todo un desafío para este siglo que la pandemia ha puesto ante nosotros obligándonos a reinventarnos en tantos aspectos. Hagamos de la necesidad virtud y seamos cristianos de hoy para las gentes de hoy, no del ayer.