[Juan] “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.”

San John Henry Newman, el destacado anglicano que se convirtió al catolicismo mientras intentaba construir una teología anglicana que defendiera su fe del avance del protestantismo en la Inglaterra del siglo XIX, escribió un muy interesante y actual ensayo titulado “Sobre el desarrollo de la doctrina cristiana” (ver enlace http://www.newmanfriendsinternational.org/newman-j-h-ensayo-sobre-el-desarrollo-de-la-doctrina-cristiana/). En él se explica y aplica lo que el evangelio de hoy nos revela.

La Doctrina Cristiana se desarrolla de un modo semejante a como una persona se desarrolla en el seno de su madre. Desde la concepción, todo está contenido en esa célula primigenia con un ADN único desde el que se desarrollan todos los miembros y capacidades de la persona. Mientras se suceden unas fases del desarrollo embrionario no se perciben aún sus ojos, los brazos, piernas, dientes…, pero están ahí y, llegado su momento, serán visibles y proseguirán su desarrollo hasta ser plenamente funcionales.

Toda la Revelación de Dios nos ha sido dada de modo sumario en Jesucristo. Él es esa célula primigenia de la nueva creación donde todo está contenido. El Espíritu Santo hace que de esa Revelación contenida en Cristo surjan progresivamente aspectos más profundos y una comprensión más plena de lo que ya estaba allí pero aún no era visible para los ojos de una generación mientras ha sido finalmente visible para los ojos de una nueva generación posterior. Desde la muerte del último apóstol nunca se da una Revelación nueva sino que se alcanza una nueva y más completa comprensión de lo que ya se encontraba contenido en el Evangelio de Jesucristo.

Así se desarrolla la gestación de la Doctrina Cristiana en el seno de la Iglesia, “por obra y gracia del Espíritu Santo”, como se desarrolló la gestación de la Persona de Jesucristo en el seno de Su Madre bendita.