Cuando un sujeto quiere salir de un laberinto es tan importante conocerlo como que el sujeto se conozca a sí mismo, saber quién es uno y qué hace en dicho laberinto. Un ratón en un laberinto de pruebas bajo la mirada de un científico que experimenta no conoce la respuesta a esas preguntas y, por ello, está abocado a perseguir el olor del queso no porque le señale la salida y la libertad sino porque huele a queso.

Por mucho que, tan a menudo, esta vida moderna con su complejidad y sus crisis se parezca a un laberinto, nosotros no podemos claudicar ante “el síndrome del queso”. Necesitamos saber quiénes somos, qué hacemos en este laberinto vital y si podemos aspirar a algo más que a perseguir el olor de un buen queso. No podemos claudicar y no ser más que “un sujeto” en las manos de los que gestionan el laberinto social mientras “nos engatusan” con quesos diversos porque el único aroma que nos señala la salida y la salvación es el de la Verdad que da respuesta a las preguntas existenciales y religiosas “de toda la vida”: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo y hacia dónde voy? ¿Cuál es el sentido de la vida?

[Juan] “El Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre.”

El Hijo de Dios se ha humanado, el divino se ha abajado por Amor y, por misericordia, nos ha elevado llevándonos en prenda con Él al volver a donde pertenece pero no ya solo como Dios sino también como hombre, para llevarnos a nosotros con Él, para que lo Suyo nos pertenezca como lo nuestro le ha pertenecido “en carne propia” desde Su Encarnación. Conocerle y conocer Su camino mueve a quererle; creer hace posible querer, quererle a Él y querer ser Suyo por la emoción estremecida de reconocer en el laberinto de la vida no ya una aventura enloquecida sino un recorrido ascendente que Otro realizó antes que nosotros para dejar Sus huellas impresas, bien visibles, en el sendero de nuestra vida cotidiana, una vida tan atribulada a veces por los “tejemanejes” de aquellos para quienes no somos más que sujetos, poco más que ratones para sus experimentos de poder y ambición. Corramos en pos del buen olor de Cristo y derruyamos el laberinto.