La igualdad de dignidad y derechos que confiere el Bautismo a todos los hijos de Dios multiplica el gozo por el encuentro y la fraternidad, hace de la vida una concelebración y llena el alma de deseos de compartir la alegría y la belleza del Evangelio con quienes no lo conocen.

Con tal que otros puedan disfrutar de Cristo se comparte lo que sea y se asume la carga que toque no con abnegación sino con magnanimidad. Cuanto más se comparten la vida nueva del Evangelio y la fe más crece la intimidad con el Señor y el entusiasmo por ser familia, por ser Iglesia.

[1Corintios] “Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a todos. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles, me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.”

Estas son las claves que pueden hacer de un evangelizador un líder carismático que irradie y difunda lo mejor de lo que lleva dentro: gratuidad, alteridad, generosidad, libertad, piedad, fraternidad… Así, por amor a los demás se hace lo necesario para compartir con ellos el sentido y la alegría de vivir de Cristo, de ser hijo de Dios y de comprender que no hay ser humano que me sea ajeno pues siempre estoy en la casa común de la familia en la que cada uno es esencial y todos somos tan amados por Dios como enviados a amar a los otros con Amor Suyo y por amor a Él. ¿Otras actitudes para ser cristiano y evangelizar…? “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?” [Lucas].