[1 Corintios] “Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.”

 [Lucas] “Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama.”

“El que cree en mí tiene vida eterna” (Jn 6, 47). Esta es una de las muchas citas evangélicas que podríamos elencar para refrescar “de primera mano” el hecho de que es la fe en Jesucristo como Señor y Mesías lo que abre las puertas de la salvación y la vida eterna. San Pablo dedicó sus cartas a Gálatas y Romanos a desarrollar cómo la salvación viene por la fe en Jesucristo pero, ¿es esta una fe intelectual, un simple aserto de la razón? ¿No sería entonces una ideología religiosa la que convertiría a los réprobos en salvos?

La mujer del evangelio de hoy era una persona “de moral distraída” más que de una dudosa reputación que sus convecinos tenían muy clara; no era una israelita piadosa ni era seguidora de Jesús. Sin embargo, ver las obras, escuchar las palabras y contemplar las actitudes del Señor la movieron a buscar en Él la salvación para su presente y para su vida toda. Bien se puede calificar esa búsqueda y el vínculo que brotó del encuentro como fe, una fe que la marcó para siempre con el sello del amor más noble y alto. Como decía Benedicto XVI, “Ceer en la Caridad suscita caridad ‘Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él’ ( I Jn 4,16).”

La fe precede a la caridad, pero se revela genuina sólo si culmina en ella. “La fe es la respuesta al amor de Dios y el lazo indisoluble ente fe y caridad manifiesta la prioridad de la fe con el primado de la caridad” (Benedicto XVI). Creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y en el amor que es fruto de la acción del Espíritu Santo nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás que verifica nuestra fe, que manifiesta su autenticidad. Como desarrolla Gálatas 3, la fe que salva es la que vive por la caridad.

Benedicto XVI destacaba en su primera Encíclica ‘Deus caritas est’,  “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva… Y, puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1Jn 4, 10), ahora el amor ya no es sólo un ‘mandamiento’, sino la respuesta al don del Amor con el cual Él viene a nuestro encuentro”.

Paro, precariedad, aborto, eutanasia, abusos, desigualdad, violencia familiar… La crisis moral, política, económica y laboral que arrastramos desde hace lustros ha alcanzado un peligroso máximo con la actual crisis sanitaria. Sea cual sea la evolución de los acontecimientos durante los próximos meses y años, es tiempo de creer pero no de cualquier manera: es tiempo de ser justos por vivir de fe (cf. Gal 3, 11).

     Santiago 2, 18: “Muéstrame tu fe sin obras que yo por las obras te probaré mi fe; 2, 26: “Así como el cuerpo sin espíritu está muerto, del mismo modo la fe que no produce obras está muerta.”