[1Corintios] “Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo, se han perdido.”

[Lucas] “Algunas mujeres acompañaban a Jesús y lo ayudaban con sus bienes.”

Desde la esperanza en la resurrección y en la vida eterna los bienes temporales son resituados y tomados como medios y ya nunca como fines en sí mismos. Solo una perspectiva de vida más amplia y elevada que la que ofrece cualquier clase de materialismo puede proporcionarnos el señorío suficiente sobre nuestros bienes como para disfrutarlos sin temor a perderlos o a compartirlos.

La fe cristiana y la visión integral que nos ofrece del ser humano y de su vida es esa perspectiva espiritual que no desprecia nada de lo material si bien lo reubica en el justo lugar en el que sirve para lo único que debe servir: la realización plena de la persona, la autotrascendencia para la comunión con Dios y con sus semejantes y la felicidad compartida.

La fe en la resurrección hace fundamental cada episodio de la vida diaria y muestra la importancia de regir la vida toda desde cada aspecto objetivo contenido en la fe cristiana. Cuando nuestro entorno parece despeñarse y nuestra sociedad se rompe en pedazos hemos de fijar la mirada en la meta, en Quien sostiene la esperanza para poder sostener nuestra vida de fe como aportación al bien común con serenidad, servicialidad, entrega y recurriendo más que nunca a esa vida de gracia que puede otorgarnos la fuerza y la motivación para mantenernos en pie.