[Gálatas] “Da lo mismo estar circundado o no; lo único que cuenta es una fe activa en la práctica del amor.”

[Lucas] “Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo.”

Siguiendo la estela de Jesús, Pablo en Gálatas sigue tocando a las puertas del corazón de los que “son religiosos de verdad”, verdaderos “cumplidores” de todo precepto y de toda norma. Los que se amparaban en el cumplimiento de las tradiciones y mandatos “para comprarse” la amistad de Dios y la salvación escuchan de Pablo, otra vez, cómo lo único que salva es la fe recta, la fe que manifiesta la experiencia y el conocimiento de Dios en el creyente por la progresiva asunción del modo de ser de Aquel en quien se cree: “Dios es Amor”.

De hermosa y autorizada manera lo dice el Papa en su última encíclica, hablando de los personajes de la parábola del Buen Samaritano: [N° 74 “Fratelli Tutti”] “En los que pasan de largo (ante el herido al borde del camino) hay un detalle que no podemos ignorar: eran personas religiosas. Es más, se dedicaban a dar culto a Dios: un sacerdote y un levita. Esto es una fuerte llamada de atención pues indica que el hecho de creer en Dios y de adorarlo no garantiza vivir como a Dios le agrada.

Una persona de fe puede no ser fiel a todo lo que esa misma fe le reclama y, sin embargo, puede creerse cerca de Dios y con más dignidad que los demás. Pero hay maneras de vivir la fe que facilitan la apertura del corazón a los hermanos y esa será la garantía de una auténtica apertura a Dios. San Juan Crisóstomo llegó a expresar con mucha claridad este desafío que se plantea a los cristianos: ‘¿Deseáis honrar el cuerpo de Cristo? No lo despreciéis cuando lo contempléis desnudo […], ni lo honréis aquí, en el templo, con lienzos de seda, si al salir lo abandonáis en su frío y desnudez’. La paradoja es que, a veces, quienes dicen no creer pueden estar viviendo la voluntad de Dios mejor que los que se dicen creyentes.”

Aviso para navegantes.