[Mateo] “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.”

La sabiduría de los sencillos es afilada porque el corazón sencillo no busca argumentos especiosos ni desfigura el rostro de las cosas; antes bien, por la sencillez de su mirada, reconoce la verdad de “lo que es” en lugar de desfigurarla con lo que querría que fuera.  Decía San Agustín, “Corazón sencillo es corazón puro” y, con esa pureza a la hora de considerar y valorar las cosas, el que es sencillo evangélicamente mira desde la perspectiva de Dios para conocer la Verdad a la luz del que ilumina las cosas, las personas y los acontecimientos para que podamos conocerlos como Él mismo los conoce: en la Verdad.

Santa Teresa de Jesús siguió el camino de los sencillos del Evangelio, aprendiendo la sabiduría de Dios a través de la aceptación y la obediencia a lo que la divina Revelación le indicaba como importante y necesario o le señalaba como dañino y pecaminoso. Con sabiduría, prudencia y tesón Teresa fue una mujer que se hizo fuerte en una sociedad de hombres en la que ella encontró siempre la ocasión y el modo de hacer oír su palabra tras haber escuchado, siempre primero, la Palabra de Dios junto con la de aquellos que se nutrían de la divina página y, por ello, gozaban ante Teresa de verdadera y salutífera autoridad.

Santa Teresa es todo un ejemplo de humildad para quienes vivimos en el imperio de la opinión tendenciosa y la mentira interesada por doquier: “Humildad es andar en la verdad”, decía Teresa. Tomemos parte por la Verdad y en toda circunstancia podremos dar testimonio de ella con sabiduría.

[Eclesiástico] “El que teme al Señor obrará así, observando la ley, alcanzará la sabiduría. Apoyado en ella no vacilará y confiado en ella no fracasará; lo ensalzará sobre sus compañeros.”