Comienza el Adviento, el tiempo de la esperanza cristiana en un tiempo tan doloroso en el que ponemos nuestra expectación en cualquier discurso político o presunto avance médico que nos ofrezca una esperanza, que nos ofrezca promesas de algo nuevo que nos saque de una situación que nos encierra en un callejón que esta resultando tan largo como angustioso. Si no tenemos otro punto donde mirar que los titulares de prensa ni otro asidero que los líderes de la sociedad, ¿aún habrá lugar para la esperanza de que esto cambie para mejor?

[Isaías] “Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es «Nuestro redentor». Vuélvete, por amor a tus siervos. ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases! Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos. Estabas airado, y nosotros fracasamos. Todos éramos impuros. Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano.”

[1Corintios] “Por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber. De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel!”.

“Sales al encuentro del que practica la justicia”, “nadie se esforzaba por aferrarse a ti y sin embargo…”, “por Él no carecéis de ningún don”, “Él os mantendrá firmes hasta el final”. La esperanza que necesitamos no está lejos de cada uno de nosotros sino muy cerca, muy dentro. Podemos hoy vivir nuestra fe de un modo que nos haga capaces de afrontar con sentido y firmeza lo que ninguno habríamos elegido pero nos ha tocado vivir; podemos dar sentido al sinsentido convirtiéndonos en un signo de esperanza para alguien, para un enfermo, para sus familiares, para una familia sin recursos, para niños que no pueden jugar, para…

El modo en que este Adviento nos llama a la esperanza consiste en no buscarla para nosotros mismos sino encontrarla por ser nosotros esperanza para los demás. ¿Acaso Dios se dejará ganar en generosidad y providencia? Regálate, conviértete en un don por poco que creas que aún te quede. Será mucho para alguien y lo será todo para Dios, que rasgara el cielo para plantar Su tienda junto a la tuya para que no sientas que caminas solo nunca jamás. Aferrémonos a la esperanza generándola.