[Hebreos] “Temamos, no sea que, estando aún en vigor la promesa de entrar en su descanso, alguno de vosotros crea que ha perdido la oportunidad.”

[Marcos] “El Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados.”

Cuando se nos habla de que el único pecado que no puede ser perdonado es el de la desesperación, porque es dejar de creer en el poder de la misericordia de Dios, es decir, dejar de creer que Dios es Dios, nos imaginamos esa desesperación como el sentimiento de alguien sumamente atormentado por las circunstancias, alguien que no puede soportar más pues ha llegado ya al límite de sus fuerzas.

Además de la desesperación de rostro desencajado hay otro tipo de desesperación que tiene mucho más que ver con la indolencia perezosa y letal de quien tiene un corte profundo por el que se desangra y se hunde en un baño caliente para notarlo menos en lugar de buscar quien suture su herida. El baño caliente más común hoy es el materialismo consumista que enmascara el escepticismo descreído de quien ya ha “tirado la toalla” en la lucha por permanecer viviendo de pie, con dignidad y honestidad, con calidad humana y hondura creyente, con opciones libres que buscan seguir remontando el río de los acontecimientos por mucho que la corriente empuje fuerte.

“Me convierto a la Iglesia Católica porque sólo en ella el hombre puede empezar de nuevo” (G. K. Chesterton). La misericordia de Dios aplicada sobre las llagas más incluso pútridas y hediondas del ser humano más cruel y perdido lo regeneran y sanean dando a sus piernas un nuevo vigor para iniciar un nuevo camino, el del resto de su vida, una vida que ahora pertenece a dos y ambos harán de ella algo luminoso, bello y feliz.