[Salmo] “Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.”

[Lucas] “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.”

A poco inteligente, maduro y honesto que se sea… nadie cree que puede pasar por la vida sin pedir perdón y perdonar, nadie “con algo en la sesera” pensará jamás que hace siempre lo que debe y que no hiere a nadie ni por mala voluntad ni por torpeza. A poco inteligente, maduro y honesto que se sea… ¿Entonces? ¿Porqué tantas veces somos duros e inflexibles juzgando a los demás y nos cuesta tanto perdonar aquellas cosas por las que nosotros mismos hemos de pedir perdón no infrecuentemente? 

O no somos inteligentes o somos inmaduros o no somos honestos. No queda otra. Bueno, pues si es así así será pero, ¿podríamos al menos hacer por necesidad lo que no alcanzamos a hacer por virtud? ¿Podríamos intentar ser “sabiamente egocéntricos” y recordar que “el juicio será sin misericordia para el que no practicó la misericordia” (carta de Santiago) porque nos dice el Señor “la medida que uséis, la usarán con vosotros”?

“Manos que no dais, ¿qué esperáis?”, reza el refranero castellano. Demos a los demás todo aquello que desearíamos recibir si nos encontrásemos nosotros en una situación semejante (bienes materiales para socorrer en la necesidad, compasión para acallar los defectos, misericordia para soportar las limitaciones, manos para acoger y brazos para sostener…) sabiendo que el Señor nunca se deja ganar en generosidad y nos dará el ciento por uno de cuanto de bueno y magnánimo hayamos dedicado a los demás.

Mientras no seamos gratuitos y santos seamos al menos generosos y benevolentes. Crecer en humanidad siempre trae cuenta y nos acercará más al Señor y a la gratuidad desinteresada de Su Amor oblativo.