[Mateo] “Ella contestó: – «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.” (…) “Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre.”

Es humano, inevitable, que en todo “te quiero” que pronuncian nuestros labios resuene el eco de un “me quiero” o un “te quiero para mí”. Esa carga natural de ego en todo acto y en toda opción, incluso en las más oblativas y generosas, no supone una descalificación del amor humanos sino su precisa y ponderada calificación.

El amor humano absolutamente oblativo, cien por cien gratuito y libre de toda traza de amor propio no existe, es una quimera, no es propio del ser humano amar así pues no es posible para él amar por sí mismo con una forma de Amor sólo al alcance del corazón de Dios. Contar con esta limitación y con Quien nos hace capaces de hacer saltar sus cerrojos es fundamental para no quedarnos encerrados entre nuestros límites naturales ni justificar nuestros dislates o condenar nuestras tropelías.

Los apóstoles fueron cobardes a pesar de los arrebolados fervores de sus sentimientos, como Pedro; o unos traidores amargados como Judas; o, como los Zebedeos, fueron arribistas y trepas, sirviéndose de su misma madre para conseguir un puesto de privilegio en el nuevo orden del nuevo reino de Jesús justo tras anunciarles Él el crudelísimo y cruento desenlace que le esperaba.

Jesús no se escandaliza ni se duele porque los Doce ni miren por Él ni miren como Él mira, desde los ojos del Padre; Jesús sabe que el vicio del corazón humano de mirar por uno mismo aun cuando decimos y queremos mirar por el bien de los seres más queridos solo se puede vencer progresivamente, por un acto de la voluntad mantenido ante un objeto de Amor que se aprenda a percibir y a reconocer como más amado que lo es uno mismo para sí. Somos discípulos, aprendices del Amor y el Amor que es el Dios-hecho-hombre es nuestro Maestro.