[Salmo] “Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.”

¿A que tenemos más miedo los seres humanos? ¿Ante qué nos sentimos más vulnerables y desprotegidos que ante la muerte? La propia muerte o la de los seres queridos en quienes se apoya nuestra vida nos tiene siempre en jaque, en un jaque muy presente hoy ante el que no nos podemos enrocar sino que tenemos que afrontarlo.

Hoy y siempre, la victoria de Jesucristo resucitado sobre la muerte es nuestro amparo ante ella, como la relación con Jesucristo y apoyar nuestra vida en Él es antes nuestro refugio ante una vida sometida a los embates del azar y a los zarpazos que encajamos. La resurrección de Jesucristo no es sólo una respuesta que nos lleva más allá de la muerte sino que es la respuesta que nos sitúa paulatinamente por encima de las dificultades de la vida cotidiana por vivirlo todo con la certeza de poder vivirlo todo mejor, con mayor fecundidad, con un menor coste personal desde la estrecha relación con el Viviente que “una vez resucitado ya no muere más”.

[Hechos] “Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.”

[Mateo] “No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.”

Vivir de Cristo es la clave. Vivir desde el Amor ciertísimo con que Él sostiene y da calidad a cada uno de nuestros días; vivir desde la estabilidad inamovible de su Presencia; vivir pudiendo dar sentido a todo lo que se hace, a todo lo que se tiene que hacer, y a todo lo que nos hacen. Vivir desde un amor agradecido y responsorial que trata de hacer carne de la propia carne cada palabra de Jesús. Esto es “Galilea”, el lugar del primer amor y de la llamada, el lugar donde comenzó todo y se encendió el entusiasmo por una vida comprendida como seguimiento e imitación del modo de vivir del Divino Maestro.

La Pascua comienza para los discípulos en Galilea y la semilla de la resurrección se siembra en nuestra vida a través de la ilusión enamorada y del amor ilusionado por llegar a ser tan de Cristo como Cristo se ha hecho mío.