PASCUA. Tiempo de retomar la centralidad de la resurrección de Jesús en nuestra vida, un hecho que cambió la vida de los primeros discípulos de Cristo convirtiéndolos de timoratos labriegos y pescadores sin palabras en valientes y elocuentes testigos del Evangelio. A los discípulos primeros de Jesús la Resurrección les supuso el marchamo final de veracidad absoluta de las palabras del Maestro pero no basta conocer la verdad para tener el arrojo entusiasmado necesario para comunicarla.

Además de creer con fe recta en la Palabra revelada en la Sagrada Escritura que nos acerca, sirve y explica la Iglesia es necesario dar cabida en nuestro corazón y en nuestras opciones a un Amor de Dios que nos conduzca paulatinamente hacia la caridad perfecta.

[Juan] “(La Magdalena) no sabía que era Jesús. Jesús le dice: – «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?» Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: – «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.» Jesús le dice: – «¡María!» Ella se vuelve y le dice: – «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»”.

Para que la fe no se reduzca a mera ideología religiosa es necesario que brote de un encuentro personal con Jesucristo; es necesario que la fe se mantenga y crezca a través de una íntima relación de amor discipular con Jesús, es decir, es fundamental buscar la relación con el Señor en la oración y en los sacramentos para conocerle y poderle reconocer después en esos prójimos en quiénes hemos de servir al Maestro.

[Salmo] “Él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.”

En todo momento Jesús es un amigo amante y un hermano delicado pero nunca deja de ser el Señor y el Maestro; de ahí el calificativo “discipular” al substancial sustantivo “amor”. Amar al Señor supone acoger Su Palabra y la que nos da a través de la Iglesia con deseos de obedecer y dar a nuestra vida cada vez más la forma de la Vida de Cristo. Revisemos nuestra forma de creer para que se pueda multiplicar nuestra caridad bajo el soplo del Espíritu Santo.

[Hechos] “- «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?» Pedro les contestó: – «Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo.”