[Lucas] “«¿No ardía nuestro corazón mientras nos explicaba las Escrituras?» Y se volvieron a Jerusalén. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.”

El relato de los discípulos de Emaús en S. Lucas es una bellísima aplicación para nosotros del discurso eucarístico de S. Juan en sus capítulos 6, 13 y 15. Jesús explica primero las Escrituras y realiza para los Suyos después “la fracción del Pan”, el primer nombre que se dio a la celebración eucarística en la Iglesia. Por una comprensión creciente de la Liturgia de la Palabra de la misa, la fe despierta es capaz de reconocer a Jesús resucitado en la fracción del Pan. La experiencia de comulgar a Jesús vivo bajo la especie de Su Palabra proclamada primero y bajo las especies del Pan y Vino consagrados después (San Juan, 15), mueve a los comulgantes a “volver a Jerusalén” -volver a insertarse en la comunidad-, habiendo comprendido la profunda realidad de la comunión eucarística con Cristo (San Juan, 6) así como las exigencias fraternas y sociales de dicha comunión (S. Juan, 13)

[Hechos] “No tengo plata ni oro, te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar.» Agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios.”

Dichas exigencias no se reducen a dar limosna con “la plata o el oro” que nos sobran sino a tomar de la mano a los postrados y hacerlo “con la mano derecha” -símbolo de igualdad y comunión-. El compromiso y la ayuda personales con que socorramos a los sufrientes a los que podamos llegar -aun cuando lo hagamos con dinero- es una acción fraterna, de persona a persona, en igualdad de dignidad, que trata de promover la recuperación de una vida digna para quien padece la postración implicándole como primer protagonista de su propia “redignificación” (“se puso en pie y echó a andar…”).

La más alta pretensión de toda acción social cristiana es la plena redención de la situación de los postrados, como seres humanos y ciudadanos primero y como hijos de Dios y de la Iglesia como punto más alto (“… y entró con ellos en el templo alabando a Dios”). Haz de la Pascua tu vida. Nos necesitamos todos tanto y nos necesitan tantos…