[Mateo] “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.”

Cuánto de ese descanso que ofrece Cristo necesitamos todos hoy, por todas partes. Cuánto precisamos de un poco de sosiego ante las noticias, las tragedias, ante la “información” y, sobre todo, ante tanta desinformación. ¿Cuándo sino ahora, ante tanta “malinformación” y manipulación, necesitamos una “formación” del corazón, con la forma del corazón de Jesús?

Bienaventurados los que se saben necesitados de los otros y piden ayuda mientras otorgan la suya a quienes pueden, en todo tiempo pero con mayor libertad y entrega en tiempo de emergencia y necesidad.

Bienaventurados los que buscan ser rescatados de las limitaciones que les imponen las circunstancias políticas, económicas, sociales… de las que no pueden escapar por sí mismos. Ellos buscan un Salvador, mientras intentan ser agentes de paz y mansedumbre en medio de la turbación común.

Bienaventurados los que miran a sus semejantes con ojos llenos de la luz de la Verdad bajo la que reconocen la igualdad radical de todos los seres humanos bajo la mano providente de un Dios creador que es Padre de todos y quiere que todos lleguen a ser y a vivir como hijos Suyos y hermanos unos de otros.

¿Queremos entrar en el descanso de Cristo? ¿Queremos ser contados entre los bienaventurados?

Hagamos lo que cada día tengamos que hacer pero con la conciencia y la intención de sumar nuestro bien al de otros para multiplicar la esperanza; lejos de nosotros restar dignidad a nadie ni dividir a una sociedad en la que todos somos necesarios para que el bien común no se levante a expensas del bien de ningún colectivo.