Aunque la presunta normalidad de la vida no se hubiera visto tan terriblemente golpeada en todo el mundo por causa de la pandemia, el esquema sociopolítico que gobierna a la mayor parte de la humanidad, el llamado “modelo occidental”, propicia que las dificultades y las limitaciones de la vida humana ser mucho mayores e incluso aparentemente insobrepasables.

El materialismo y el laicismo son las dos manos con las que un sistema de gobierno, que puede presentar muy diversos signos políticos, desmonte y descuartice todos los recursos con los que las personas podemos remontarnos por encima de las pequeñas o grandes tragedias de cada día.

Cuando al ser humano no le queda más perspectiva vital que el “aquí y ahora” ni más referente de valores ni más sentido vital que los que presenta el mundo, cualquier duro golpe lo será más y lo que amenace lo que tenemos se hará tan temible que seremos fácil presa de los discursos del odio y del miedo.

[Juan] “Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Y adonde yo voy, ya sabéis el camino. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.”

La esperanza que nace de la fe en el Resucitado nos ofrece una perspectiva vital dilatada que engrandece y eleva nuestra mirada tanto como para desear asumir los valores de Aquel que siempre será el único referente de vida que no defrauda. No nos dejemos arrebatar tanto por tan poco como nos ofrecen los líderes de nuestra sociedad y optemos, una vez tras otra, por lo que no nos aleje sino que, más bien, nos aúpe y acerque a Él a través de una vida noble y honesta, levantada desde una conciencia veraz, libre de ideologías mundanas.