[1Corintios] “El Señor se apareció a Santiago; después, a todos los Apóstoles.”

[Salmo] “A toda la tierra alcanza su pregón.”

[Juan] ” – Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.
Felipe le dice: – Señor, muéstranos al Padre y nos basta.
Jesús le replica: – Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe?”

Los apóstoles son las 12 columnas sobre las que se levanta el edificio de la Iglesia que tiene como único pilar a Jesucristo. Estos doce hombres no eran personas destacables sino que Jesucristo les hizo serlo con la gracia de su llamada, con la fuerza inserta en la vocación que les hizo capaces de trascender sus numerosas limitaciones y defectos para hacer realidad en cada uno de ellos el proyecto de la voluntad de Dios.

Los apóstoles fueron testigos privilegiados de las obras de Jesús y receptores de una enseñanza que les hizo pasar progresivamente de ver y juzgar con los ojos naturales de la carne a ver y creer verdaderamente que Él era el Hijo de Dios por contemplarle con los ojos del espíritu. Fue este itinerario de vida guiado por el único maestro iluminado por el Espíritu Santo lo que les hizo ser testigos auténticos y testimonio veraz de las obras y las Palabras del Hijo de Dios.

De todo esto podemos sacar hoy dos enseñanzas:

1. La jerarquía de la Iglesia procede de la institución de la Iglesia por Jesucristo, que la hizo ser jerárquica desde el principio no para el dominio de unos sobre otros si no para el servicio y la enseñanza de todos los que forman parte del Pueblo de Dios.
2. El itinerario vocacional de unas personas tan limitadas y falibles como eran cada uno de los Apóstoles nos muestra cómo y cuánto puede ser la gracia eficaz en nosotros para guiarnos hacia nuestra particular vocación si nos mantenemos unidos al Señor, si “permanecemos en Él” por la obediencia a esas Palabras de Vida cuando permanecen vivas en nuestra conciencia, en nuestro corazón y en nuestras obras.

Hoy como ayer, son las manos de la Iglesia jerárquica las que nos sirven esas Palabras y nos las explican a través del Magisterio para aplicarlas en cada generación bajo la guía del Espíritu del Señor. Confianza, eclesialidad, vocación y esperanza. Eso nos sirve hoy la liturgia de nuestra Madre, la Iglesia.