[Hechos] “Se decidió que subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia.”

La novedad del mensaje del Evangelio y la renovación que introduce en todas las generaciones por la fuerza de la Verdad sobre el ser humano junto con la reivindicación del humanismo más radical frente a los conflictos, disensiones y enfrentamientos que acompañan a la historia del hombre hacen que ningún cristiano singular se pueda creer en posesión de la interpretación más correcta o de la aplicación más oportuna de cualquiera de los aspectos de esa vida contenida en el mensaje de Jesucristo.

La colegialidad y la sinodalidad son características propias de este pueblo de Dios que es la Iglesia desde sus orígenes y hemos de reforzar ambas con toda su fuerza para que la búsqueda de comunión entre todos los estados de vida sea una realidad más viva por la corresponsabilidad, por la aportación personal y por el ejercicio de las propias responsabilidades según la personal vocación recibida del Señor que guía a su Iglesia.

La estructura jerárquica de la Iglesia es propia de su identidad y así la ha querido su divino Fundador  pero aunque el papa, los obispos y resto de clérigos ocupen un papel particular  y desempeñen una función que solo ellos pueden desarrollar, la Iglesia no son solo los curas ni fue constituida para ellos.  Cuando todos los laicos que forman la Iglesia tomen conciencia de la importancia de su sacerdocio bautismal y lo ejerzan coordinados en comunión con los pastores elegidos por Dios para guiar y nutrir a su pueblo, la sinodalidad se comprenderá del único modo posible: todos unidos en la búsqueda del mejor modo de ser testigos hoy de la Persona y del mensaje de Jesucristo.

La lucha de clases nunca ha sido un instrumento para el progreso sino para sembrar de víctimas la cuneta de la historia. No hay camino para la comunión porque la comunión es el camino, todos unidos como discípulos del único que tiene última palabra porque Él es la Palabra. Desde el momento en que formemos partidos internos y busquemos la fricción para hacer avanzar nuestras reivindicaciones habremos perdido del todo el camino que es Cristo.