Dios entregó a Moisés las Tablas de la Ley ultimando la Alianza hecha con los israelitas. Además de los siete mandamientos que dan inicio a una nueva forma de relación del creyente con el resto de seres humanos, los tres primeros mandamientos que sostienen y dan firmeza a los demás mueven a Israel a dejar atrás el habitual politeísmo de los pueblos vecinos para pasar a la monolatría primero (dar culto a un solo Dios, “el Dios de Israel”) como preparación para alcanzar el monoteísmo después (dar culto al único Dios, el Dios de toda la Tierra). Este paso supone que el pueblo elegido por Dios, Israel, no es más que el atrio que toma el único Dios para hacerse progresivamente presente a su verdadero pueblo elegido: los pueblos de toda la tierra.

[Mateo] “Un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.”

La Ley Natural que se revela en los Diez Mandamientos es el “manual de instrucciones” del ser humano para que lo llegue a ser con plenitud y tiene por destinatarios a todos los miembros de la humanidad para que el Reino de Dios -Jesucristo- se haga presente en medio de todos ellos y transforme progresivamente su forma de comprender lo propio y lo ajeno, o categorías como “semejante” y “extranjero”, “responsabilidad” y “solidaridad”, “bien común” y “fraternidad”.

El antiguo y el “nuevo Israel” (la Iglesia) no se sirven a sí mismos ni han recibido la Revelación y los bienes de la salvación para sí sino para ser portavoces y portadores del Don de Dios. Ese ministerio se ejerce a través del anuncio y la invitación a una nueva forma de comprender la humanidad con la autoridad de una vida gastada como un servicio que lleve a los demás los frutos de la vida de Cristo en forma de paz, justicia, reconciliación… viviendo y llevando a todos la Paz y el Bien que Jesucristo trajo para todos. Cuando no se acepta la responsabilidad y el compromiso con los demás que nos vienen por ser de Cristo es cuando volvemos al becerro de oro, a los reniegos contra Dios de Masá o Meribá y a las 30 monedas de Judas.

[Mateo] “El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo.”