[Marcos] “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores. Jesús les dijo: -Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.

Nos parece increíble la radicalidad con la que aquellos a los que Jesús llamaba lo dejaban todo en absoluto para seguirle y ser de los Suyos, vínculos afectivos, seguridad de material, estabilidad… Si bien la decisión primera es asombrosa y solo se puede comprender desde la seducción que producía en los llamados el carisma de Jesús, aún resulta mucho más asombrosa la perseverancia en dicha radical desapropiación y la vivencia serena y gozosa en la total vulnerabilidad e intemperie.

Siendo realistas y teniendo en cuenta que la gratuidad total es difícilmente alcanzable para el corazón humano, como los mismos apóstoles -particularmente los cuatro llamados en primer lugar, Pedro, Andrés, Santiago y Juan- dieron claras muestras en diversos episodios, nos será de gran utilidad para nuestra vida cristiana comprender que Jesús era para ellos -más cuanto más lo conocían- compensación sobre abundante que bien merecía todas las renuncias y privaciones, incluso la entrega de la propia vida en el martirio, como en el caso de todos los apóstoles menos san Juan que murió anciano de muerte natural.

La frase de Elcaná a su esposa Ana en la primera lectura bien nos puede servir para tomarla como si el Señor nos la dijera a cada uno de nosotros: “¿Por qué te afliges? ¿No te valgo yo más que diez hijos?”. Recordando que los hijos eran la mayor riqueza y fuente de esperanza para un israelita, mucho más para una mujer cuando la esterilidad era considerada una consecuencia del pecado y de la maldición de Dios, bien podemos aplicarnos el mensaje cuando nos afligimos por determinadas renuncias o por el precio a pagar por protagonizar una vida cristiana que merezca tal nombre en todos los aspectos de nuestros vivir.

Para poder encarnar la “parresía” de los apóstoles, es decir, su fortaleza y su valentía en el seguimiento y testimonio de Cristo, no debemos compararnos con colosos o titanes sino recordar que los mismos apóstoles eran flacos y débiles salvo cuando mantenían su corazón centrado en Jesucristo porque Él era su fortaleza y su mayor motivación para ser y hacer lo que deseaban desde el primer encuentro con Él. Busquemos a Cristo y perseveremos en la intima relación con Él para ser y hacer aquello tan alto y noble que desea nuestro corazón cristiano.