[Marcos] “En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: -Si quieres, puedes limpiarme.
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: -Quiero: queda limpio.”

[Salmo] “Despierta, Señor, ¿por qué duermes?, levántate, no nos rechaces más. ¿Por qué nos escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia y opresión?”.

Teniendo presente que la enfermedad es en el lenguaje bíblico símbolo y consecuencia de un pecado subyacente, vemos como el diálogo previo a diversas curaciones obradas por Jesús “no tiene desperdicio”. El de hoy o, por ejemplo, ante el ciego de nacimiento cuando Jesús le pregunta “¿Qué quieres que haga por ti?”. ¿Acaso no parecía obvio? Los sentimientos del enfermo que nos muestra el salmo señalan a alguien acosado y acorralado por su mal que se vuelve a Dios sin obtener respuesta ni merced alguna. Ambos textos están íntimamente relacionados y nos ofrecen un mensaje.

La voluntad de salvación integral para el ser humano es indudable en quien se ha encarnado para realizarla. La voluntad humana de ser salvada de aquello que aflige y degrada a la persona no es tan patente siempre pues hay un compromiso que tomar y unas renuncias que asumir y no siempre estamos dispuestos a privarnos de aquello que nos enferma y agrava nuestro mal.

Una cosa es pedir a Dios que nos libre de esto o aquello, de una ocasión recurrente de pecado o de una actitud nuestra que suele desencadenar un comportamiento pecaminoso y otra cosa es estar verdaderamente dispuesto a “poner toda la carne en el asador” para que la gracia pueda ser eficaz obrando a través de nuestra honesta y entregada libertad para remover aquello de lo que queremos librarnos.

Jesús necesita de nosotros para obrar el prodigio en nuestro favor, necesita de nuestra fe y de nuestra voluntad de optar por la Verdad con libertad. Como los israelitas de la primera lectura, a menudo somos masacrados en cien batallas en las que nos metemos persiguiendo fines espurios y clamamos a Dios cuando le hemos ignorado antes y durante aquello que hemos buscado y ahora lamentamos. “El que te creo sin ti no te salvará sin ti” (S. Agustín) y ahora Él quiere que en verdad quieras ser libre y que seas coagente de tu sanación, una sanación que le pides a Él y Él obrará contigo y en ti, nunca a pesar de ti y de tus opciones por todo aquello a lo que deberías dar la espalda.