ESCÚCHALA AQUÍ


Esta fiesta de hoy es de las llamadas “fiestas pasadas de moda” con categorías de otros tiempos y ecos de una sociedad superada aunque, si la Iglesia la mantiene y la celebra con solemnidad, quizá sea que muchas personas en la Iglesia aún no comprenden esas categorías, esas palabras, esta fiesta. Vamos a ver…

Un sacerdote de cualquier religión es quien hace presente a Dios ante la comunidad a la que representa así como ofrece a la divinidad las plegarias y sacrificios de la comunidad. Porque Jesucristo es tan hombre como también Dios, sólo Él une la orilla del mundo de los hombres con la orilla del mundo de Dios; Él es el único puente entre ambas orillas, pontífice y único Sacerdote capaz de ofrecer la Humanidad al Padre en Su propia humanidad, la que hizo Suya en la Encarnación en el vientre de la Doncella nazarena; Jesús es el único capaz de ofrecer esa misma humanidad al Padre Dios al abrir por el Bautismo la senda de la filiación divina a los hombres.

El sacrificio del Sacerdote Jesús es la Obediencia al Padre por puro Amor, a Él y a los hombres por quienes se ofrece. “Sacri-ficio”, hacer-sacro, sagrado. Unidos a Jesucristo sacerdote desde nuestro bautismo somos sacerdotes en Él;  los bautizados somos un puente entre Dios y los hombres como tambien entre los hombres entre sí. Este es nuestro sacrificio primero: imitar a Jesucristo haciendo de todo lo nuestro instrumento y ocasión para el encuentro y la reconciliación, para derribar muros de prejuicios intolerantes construyendo con sus cascotes puentes de diálogo y de acogida.

Por nuestro Maestro podemos aprender a ser ministros de paz y misericordia buscando en todo el querer del Padre pues la paz de los que se encuentran en un abrazo es la máxima expresión del bien común y sin ella no hay bien alguno. Ser ministros de misericordia por haber recibido misericordia, ser reconciliadores por haber sido reconciliados, pacificadores por vivir en paz… todo ello se nos da en la orilla de Dios hacia la que tendemos desde la orilla del hombre, para volver a ésta con las riquezas de aquélla y hacer de las dos una sola. En eso consiste el sumo y eterno sacerdocio de Jesucristo del que nos participa a todos los bautizados. ¿Seguro que esta fiesta está “pasada de moda”?