

Si la vida de esta era de la posmodernidad es, de por si, muy complicada cuánto se nos sigue complicando la complicación por los afanes, la turbia codicia y la torpeza de los que gobiernan fuera y dentro de España. El resultado de esta macedonia de conflictos y crisis que nos toca comernos a los que no la preparamos es más doloroso aun si miramos particularmente a los más vulnerables de nuestra sociedad, a los ancianos y a los enfermos, a los inmigrantes y a los parados, a las personas sin techo y a las víctimas de la guerra. La vida siempre es injusta porque los hombres la hacemos así con nuestro pecado, con nuestras perversiones y nuestros abusos sobre la humanidad de los otros y sobre la entera Creación, con las confabulaciones políticas, con cualquier forma de ambición inhumana que hace bueno cualquier medio con tal de lograr el fin perseguido.
El nivel de sufrimiento de estos tiempos para tantísimas personas de nuestro entorno es algo intolerable para Dios. Hemos sido creados para el Cielo, para caminar hacia la gloria mientras construimos juntos un cielo en la tierra, pero parece que lo que construimos en este planeta en llamas que es hoy nuestra Tierra es el infierno de otro planeta.
En medio de tanto dolor, en medio de nuestra pobreza de criaturas, nosotros tenemos un as escondido en la manga: la fe que vive por la caridad. La intimidad con Dios, conocerle y gustarle, sentirle y recibirle suponem la mayor fuerza y motivación posibles para luchar por una vida mejor. Dios nos alienta y nos conforta en nuestras luchas y dolores no sólo para que nosotros estemos mejor sino para que podamos alentar, consolar y socorrer a los demás en cualquier lucha. La compasión y la misericordia recibidas de Dios nos deben convertir en compasión y misericordia con los demás. Todo esto queda recogido y celebrado en las celebraciones de Corpus Christi y debe ser además expresado, manifestado en nuestro vivir en sociedad para que este año crezca algo más la fecundidad de nuestra conciencia cristiana por los frutos que se deberian poder ya recoger de nosotros.
“Sed compasivos como vuestro Padre celestial es compasivo”. Dios es nuestro alimento y el calor que puede hacer mejor nuestra vida, tanto que nosotros podamos hacer mejor la vida de los demás como mediaciones y colaboradores del mismo Dios. San Antonio, el santo milagrero de los panes inagotables, el hombre del tierno abrazo a Jesús, el martillo de herejes y usureros que tanto supo de enfermedades, sufrimientos, incomprensiones, persecuciones… Pero Dios fue siempre su baluarte, su defensa y su alimento.
San Antonio encontró siempre su fuerza en la pobreza de espíritu que vivía al haber hecho que Dios fuera lo primero, que Dios fuera el centro, que Dios lo fuera todo para él. Este camino es el camino de Jesucristo que los santos han recorrido y que hoy San Antonio nos muestra como remedio para nuestros dolores y cansancios, como fue remedio para los suyos propios. Tantos nos necesitan tanto, como nosotros necesitamos tanto de Dios y unos de los otros. Hagamos comunidad en torno a Cristo y aceptemos el envio misionero para ser un signo eficaz de reconciliación y regeneración democratica en nuestra sociedad.