

[Mateo] “Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto.”
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Este fragmento del Sermón de la Montaña de Jesús pone sobre el tapete un nivel de capacidad de perdonar, de mansedumbre, autocontrol e imperturbabilidad que nos llena de vértigo a la mayor parte de los mortales. La santidad, la llamada a vivir progresivamente más y más de Dios, con Él y para Él viviendolo todo con un corazón mirando a lo alto ha de dar vértigo a todo aquel que tenga suficiente humildad y sentido común como para saber dónde está como persona y donde no, donde todavía no.
Apetecezcamos la belleza descomunal de esa montaña que se alza ante nosotros, vivir evangelicamente, santamente, escuchando su llamada, invitándonos, casi provocandonos a escalarla para que, por aspirar a coronar la cima, cada vez estemos un poco más arriba. No nos dejemos convencer por la pereza o la tibieza que multiplican las tentaciones y pidamosle un poco más a la vida, pidamoselo todo para no conformarnos con vivir de cualquier manera, como uno mas, como un cualquiera. Comencemos hoy poniéndonos el arnés y ajustando el cordaje a través de la meditación de un pasaje anterior al evangelio de hoy:
[Mateo] “Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.”
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¿Cuál es nuestra sal? ¿De qué modo damos sabor a la vida de los demas? ¿Cómo hacemos esta sociedad y el mundo una chispa mejores por nuestra aportación? Preguntas incisivas se nos despiertan hoy.
¿Tengo otra luz que no tienen los que no tratan de vivir cristianamente? ¿Mi relación con Jesucristo enciende en mi esperanza, sentido vital, serenidad y mansedumbre, aspiraciones nobles y elevadas, una conducta diferente?
Para encontrar las mejores respuestas lo más importante es hacerse las preguntas adecuadas. Elige de todas las anteriores la que más te pueda morder o busca otras para que el Evangelio te lea primero para reescribirte después.