

[Mateo] “No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la, voluntad de mi Padre que está en el cielo.
Aquel día muchos dirán: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?
Yo entonces les declararé: Nunca os conocí. Alejaos de mí, malvados.”
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En la semantica de la Sagrada Escritura, el verbo “conocer” puede tener varios significados. En algunos contextos significa tener un conocimiento intelectual o informativo; en otros, sin embargo, cuando se usa para describir la relación entre Dios y su pueblo, o entre un hombre y una mujer, adquiere un significado más profundo que va más allá de la mera información y abarca la experiencia, la intimidad y el amor. “Apartaos de mi, malvados. Nunca os conoci” adquiere así un significado harto interesante.
Se puede ser un cristiano enormemente cumplidor y hasta ejemplar en la materialidad de la religiosidad; se puede convertir el templo en el segundo hogar y hacer del culto una de las principales ocupaciones de la vida personal sin que nada de todo eso se traduzca en un mayor conocimiento experiencial, vital, de quién es el dueño del templo y el centro de todo acto de culto. Por ejemplo, los fariseos eran creyentes tan cumplidores que no había quién les aventajara en la observacia de los preceptos de la Ley de Moisés pero nunca conocieron a Jesús, nunca fueron renovados y transformados por el Hijo de Dios porque rechazaron trabar con Él una relación personal estrecha, hasta íntima, fundamentada en el amor. La novedad de Dios y el primado de lo que distingue a Jesús por los sentimientos y prioridades de Su Sagrado Corazón fueron rechazados por los fariseos de entonces ya que la religiosidad de cumplimiento les otorgaba un rol de superioridad moral ante los demás del que no querían verse privados. Así, nunca fueron conocidos, fecundados, transformados por el Espíritu de Cristo, haciéndose capaces a sí mismos en su soledad paganizada de las mayores barrabasadas por la opcion de vivir encastillados en la soberbia de la autosuficiencia ante Dios.
Todos los elementos del cuerpo de nuestra religiosidad cristiana, todos los documentos del Magisterio de la Iglesia y los distintos componentes de la liturgia y cada celebración cultual alcanzan su sentido en la etimología de la palabra “religión”, “re-ligazon”, “re-lacion”, “re-lectura” (“re-legere”).
Usemos de todo para ligarnos de nuevo y más cada vez al Señor Jesús con una relación cada vez más cordial, íntima, obediencial y amante que nos permita releer nuestra vida y releerlo todo para comprender el sentido de las cosas y cómo llegar a ser capaces de dar sentido a las cosas que no lo tienen. Miremos a Maria y consintamos como ella que el Espíritu Santo nos haga fecundos por obra y gracia de Su divina Presencia en nosotros