

[Mateo] “Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos.”
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Cuantísimas ongs honestas y eficientes hay en nuestro suelo patrio y en el mundo. A todas ellas debemos gratitud, admiración y, en la medida que podamos, colaboración, pero entre esas organizaciones nunca se contará la Iglesia porque la iglesia es otra cosa.
La Caridad que es Cristo nos urge a encarnar dicha Caridad con obras, si, y la justicia del Evangelio nos exige no tomar ningún dolor o tragedia humana como algo ajeno, por muy lejano que pueda ser el lugar donde acontece, pero el humanismo evangélico que nos da vida y que nos llama a vivir esa vocación a dar gloria a Dios por hacer el bien a los hombres mana con mayor potencia y pureza de intención cuanto más ascendemos por su cauce hasta alcanzar el manantial que es la unidad de los que somos de Cristo en la Verdad revelada.
La primera y más importante misión del Obispo de Roma, el sucesor de san Pedro, el papa, y con él del resto de los obispos de la Iglesia universal, es guiar y guardar a luz cristianos en la unidad de la fe y de la Caridad.
En la Verdad que es Cristo aprendemos a amar a todo ser humano, con ese respeto sacrosanto a su dignidad que le debemos a todos ellos, independientemente de sus obras o de esta o aquella característica de su identidad personal. En la Verdad que es Cristo comprendemos que no podemos decir que amamos a Dios a quien no vemos si no le amamos en los que Él ha creado iguales a nosotros y si vemos porque los tenemos ante nuestros ojos. En la Verdad que es Cristo hacemos experiencia en carne propia de cómo la indiferencia es lo más opuesto al amor y uno de los mayores enemigos de la justicia pues nos hace complices de la injusticia. En la Verdad que es Cristo no podemos no asumir que todos los dones de Dios tienen por destinatario a cada miembro de la humanidad, pues tiene derecho a ellos porque su Creador y Padre se lo ha conferido y Jesucristo lo ha merecido por todos, haciéndonos a todos iguales por la gracia y la misericordia cuando éramos iguales por la indignidad de nuestro pecado.
Hagamos todos a un lado, por un momento al menos, nuestras opiniones, legítimas o no, bien fundadas o no tanto, y salgamos juntos al encuentro de la Palabra de la Vida que nos quiere enseñar a vivir desde esa Sabiduría de lo alto que nos lleva a conocer más y mejor al Dios en quien creemos para poder conocernos en Él, a nosotros mismos y a nuestros semejantes, pues todos somos imagen y semejanza Suya.
La Verdad que es Cristo nos enseñará que para la unidad en la fraternidad nos ha llamado a ser principio activo de reconciliacion y de paz. Ya sabemos y sufrimos por cómo están las cosas por la acción de los que no quieren poner su mano en el arado de Cristo. Pongamosla nosotros, juntos y cada vez mas unidos, bajo el resplandor de la Verdad que a todos hermana.