

[Deuteronomio] “Este precepto que yo te mando hoy no excede tus fuerzas, ni es inalcanzable. No está en el cielo, para poder decir: “¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?”. Ni está más allá del mar, para poder decir: “¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?”.
El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cumplelo.”
[Colosenses] “Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él y para él quiso reconciliar todas las cosas.”
[Lucas] “Un maestro de la ley preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
Respondió Jesús diciendo: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”. ¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?».
Él dijo: El que practicó la misericordia con él.
Jesús le dijo: Anda y haz tú lo mismo.
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Hay dos enfoques totalmente distintos a la hora de considerar la Ley de Dios y los mandamientos y normas derivados de la Divina Revelación: la heteronomía y la autonomía. Cuándo, incluso en la esfera civil de la sociedad, los mandamientos normas y leyes que debemos cumplir se consideran algo ajeno a uno mismo, algo impuesto, arbitrario, entonces todos esos mandatos hacen sentir la propia libertad constreñida, limitada y se cumplen con más pesar que otra cosa y más por miedo a la sanción que como aportación personal a ese bien comun que también es bien propio. Si entendemos la Ley de Dios así, como heteronomía, como mandatos arbitrarios que se nos imponen “desde fuera”, nunca podremos vivir en la libertad que proporcionan por mucho que seamos uno campeones olímpicos del cumplimiento.
El otro enfoque para comprender los mandamientos de la Ley de Dios y todos los preceptos normas y pautas de la santa madre Iglesia es el enfoque de la autonomía, “desde dentro” de nosotros mismos.
Sí, desde la tradición bíblica, comprendieramos que el desarrollo y la evolución de la Revelación ha sido la mano paternal de Dios guiando, humanizando al humano que creó como en una progresiva gestación, conduciendo nuestra evolucion como especie en un segundo acto de la obra de la Creación primera, levantandonos de nuestras caídas con ternura, indulgencia y paciencia maternales para enseñarnos a ser nosotros mismos y a realizarnos por vivir según nuestra altisima dignidad a través de la obediencia a nuestro Creador, entonces nos acercaríamos a la medida de nuestra verdadera libertad.
Cuando comprendamos que el Dios que nos manda ésto o aquéllo no es un gobernante caprichoso sino el pedagogo que mas y mejor nos conoce, encontraremos la fuente de la libertad que anhelamos dentro del sagrario de nuestra conciencia de hijos y hermanos, no la libertad que tenemos, no la que nos prometen los ideologos que nos la amputan sino la libertad de aprender a ser quienes podemos llegar a ser. Para esta libertad fuimos creados, para ser libres con la libertad de los hijos de Dios fuimos redimidos; no para ser caprichosos adolescentes de por vida ni sumisos esclavos encandilados por el brillo los grilletes de oro que impone el sistema nos confina, sino personas que se comprenden a sí mismas desde Dios y con la perspectiva de la vida eterna.
Cuando comprendamos lo que significa “el reino de Dios ya esta entre vosotros” entenderemos que la vida eterna comienza aquí, ahora, cuando se tiende a vivir y ayudar a otros a disfrutar de una vida entera, digna y reconciliada con Dios y con uno mismo por la Misericordia recibida que nos lleva a ser misericordia con esos prójimos que ya no son sólo nuestros semejantes sino alguien importante, “alguien mio” ante cuyo dolor no puedo ser indiferente y cuya alegría y libertad son parte esencial de las mías.
El hombre solo es un ser racional cuándo ese hombre tiene conciencia de ser un animal que ama, un ser que cuando no gasta su vida en el amor eficaz a través de su conducta y de sus obras queda reducido a ser un simple animal pensante, una bestia peligrosa, generalmente feroz y dañina con aquellos que son compañeros de camino por mucho que los mire como a rivales e incluso enemigos ante quien no detenerse si no es para conseguir algún provecho.
Las dos formas básicas de ser y de existir las tenemos ante nuestros pies y la capacidad para transitar por la única que nos llevará a ser cada vez más humanos y mejores personas está dentro de nosotros porque Dios la ha puesto allí. El que nos amó primero y siempre nos amará más nos conoce y quiere que seamos autenticamente quienes podemos llegar a ser acogie do la luz de su Revelación, la luz que nos da fuerza y motivación mientras nos enseña cómo vivir según esa santa Ley que es verdaderamente nuestra ley más íntima, humana y personal, nuestro libro de instrucciones para llegar a ser tan felices, grandes y hermanos como Dios sueña para nosotros.
Relee y medita ahora la parábola de “El Buen samaritano” y atrévete a sentir nostalgia de tu yo verdadero, ese que todavía no has llegado a estrenar. Haz lo que te dé la gana pero procura que sea siempre “la gana de Dios”, porque te conviene.