ESCÚCHALA AQUÍ


El fraile santo a quien la iglesia celebra hoy fue el séptimo sucesor de san Francisco al frente de la Orden Franciscana, un cardenal, uno de los mayores teologos de la escolástica y, junto a Santo Tomás de Aquino, un valioso reformador y renovador de la vida de piedad eucaristica del pueblo de Dios de la segunda mitad del siglo XIII. A través de todo esto se santificó pero el rasgo que queremos destacar cómo cauce de esa progresiva santificacion lo podemos encontrar en el prólogo de la obra más emblemática de San Buenaventura: “El  itinerario de la mente hacia Dios”:

“Cuanto le era vedado a la ciencia del erudito se mostró franco y accesible para el amante”, dice san Buenaventura antes de su obra cumbre aludiendo a San Francisco, “porque no basta la lectura sin la unción, la investigación sin la devoción, el esfuerzo sin la piedad, la ciencia sin la caridad, la inteligencia sin la humildad, el estudio sin la gracia”, escribe hacia el final del prólogo.

Como fiel y apasionado participe de la espiritualidad carismatica iniciada por Dios en San Francisco y Santa Clara de Asís, San Buenaventura es un enamorado de Jesucristo antes que un científico de la teología, y en el amor y el servicio a la Iglesia y a los hombres focaliza su pasión y su entusiasmo.

El estudio, la ascesis, la formación, la doctrina… encuentran su fuente de fecundidad y su sentido en la prioridad de la íntima relación de amor y pertenencia a Jesucristo. “Todo sirve para el bien si sirve para ser más del Señor y para llevar a los hombres la alegría de ser Suyo”. No consta que esta frase sea de San Buenaventura pero, si no lo dijo él, bien lo podemos decir de él tratando de hacerlo nuestro.