“Señor, no soy digno”

Queridos hermanos y hermanas:
La Palabra de Dios de hoy nos presenta dos actitudes profundamente humanas y espirituales:
* el clamor del sufrimiento,
* y la confianza humilde en Dios.
En la primera lectura escuchamos el dolor de Jerusalén destruida. El pueblo llora, sufre y clama al Señor en medio de la ruina. Y en el Evangelio aparece un centurión romano que se acerca a Jesús con una fe sorprendente.
Él dice: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.” Qué hermosa expresión de humildad y confianza.

Primera clave: Dios escucha el clamor de los que sufren.
El libro de las Lamentaciones refleja el dolor de un pueblo herido:
* ciudades destruidas,
* sufrimiento,
* pobreza,
* lágrimas,
* y desesperación.
El salmo responde: “No olvides sin remedio la vida de los pobres.”
También hoy muchas personas viven:
* heridas interiormente,
* cansadas,
* enfermas,
* con problemas familiares,
* o cargadas de sufrimiento.
Y a veces pensamos que Dios guarda silencio.
Pero la Palabra de hoy nos recuerda que Dios escucha siempre el clamor de sus hijos.
San Agustín decía: “Dios escucha incluso las lágrimas que no pueden expresarse con palabras.” Nunca estamos solos en medio de las pruebas.

Segunda clave: La verdadera fe nace de la humildad.
El centurión del Evangelio era un hombre importante y con autoridad. Sin embargo, se presenta ante Jesús con humildad. No exige. No presume. Simplemente confía.
Por eso Jesús queda admirado de su fe: “En Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande.” La humildad abre el corazón a la gracia de Dios.
Muchas veces el orgullo nos impide:
* reconocer nuestra necesidad de Dios,
* pedir ayuda,
* o abandonarnos en las manos del Señor.
Pero quien se acerca con sencillez encuentra la misericordia de Cristo.
Las palabras del centurión son tan profundas que la Iglesia las pone antes de cada comunión: “Señor, no soy digno…”
San Juan Crisóstomo decía: “La humildad es la puerta por la que entra la gracia.” La verdadera fe no se apoya en uno mismo, sino en el poder de Dios.

Tercera clave: El amor de Cristo es universal.
Jesús dice algo muy importante: “Vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob.” Con estas palabras, Cristo muestra que la salvación es para todos los pueblos. El amor de Dios no tiene fronteras.
Jesús vino:
* para los pobres y los ricos,
* para los cercanos y los alejados,
* para los santos y los pecadores.
También nosotros estamos llamados a vivir una fe abierta y acogedora.
Hoy celebramos también la memoria de San Cirilo de Alejandría, gran defensor de la verdad sobre Cristo y de la maternidad divina de María. Él enseñó con valentía que Jesús es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre.
Y en este sábado mariano miramos también a la Virgen María: modelo de humildad, fe y confianza total en Dios.
Hoy el Señor nos pregunta:
* ¿confiamos verdaderamente en Él?
* ¿sabemos acudir a Jesús con humildad?
* ¿dejamos que Cristo sane nuestras heridas?
* ¿tenemos un corazón abierto hacia todos?

Conclusión
Queridos hermanos: Hoy el Evangelio nos invita a acercarnos a Cristo con la fe humilde del centurión.
Pidamos al Señor la gracia de:
* confiar plenamente en su palabra,
* vivir con humildad,
* abrir el corazón a todos,
* y acudir siempre a Jesús en medio de nuestras necesidades.

Que María Santísima nos enseñe a vivir con fe sencilla y confiada. Amén.

Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM