Sacerdotes, religiosos y fieles de la Archidiócesis de Toledo se reúnen para comenzar juntos el nuevo curso pastoral.
En la mañana de este sábado, 26 de septiembre de 2026, sacerdotes, religiosos, religiosas y numerosos fieles de la Archidiócesis de Toledo nos hemos reunido junto a nuestro arzobispo, D. Francisco Cerro Chaves, Arzobispo de Toledo y Primado de España, para celebrar la Jornada Diocesana de Inicio del Curso Pastoral 2026-2027.
La jornada comenzó en la parroquia de San Julián de Toledo, ante el Santísimo Sacramento, con el rezo comunitario de Laudes. Fue un momento de oración en el que pusimos en manos del Señor el nuevo curso pastoral, nuestras parroquias, comunidades y grupos, así como todos los proyectos y desafíos de nuestra Iglesia diocesana.
A continuación, D. Francisco Cerro Chaves dirigió una meditación tomando como referencia el capítulo sexto del Evangelio de san Juan, especialmente el diálogo de Jesús con la multitud, los judíos y sus discípulos en torno al Pan de Vida.
El Arzobispo presentó su reflexión a través de siete preguntas y siete respuestas, relacionándolas con el camino sinodal de nuestra Iglesia. Recordó que la sinodalidad comienza, ante todo, por reconocer a Jesucristo como centro de nuestra fe y de nuestra misión.
Una primera pregunta de la multitud —«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»— llevó a recordar la invitación de Jesús a no trabajar solamente por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para la vida eterna. Caminar juntos como Iglesia exige preguntarnos para qué existe la Iglesia y quién es verdaderamente Jesucristo para nosotros.
Ante la pregunta: «¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?», Jesús responde que la obra de Dios consiste en creer en aquel que Él ha enviado. De ahí nace también nuestra comunión personal, pastoral y eclesial: conocernos, caminar juntos y reconocer a quién pertenecemos y cuál es nuestra misión.
La multitud pregunta después qué signo realiza Jesús. El Arzobispo recordó que el gran signo es el mismo Jesucristo. Nuestras parroquias, cofradías, comunidades, la catequesis y, especialmente, los sacramentos están llamados a ser signos que conduzcan a las personas al encuentro con Cristo.
La petición «Señor, danos siempre de este pan» permitió destacar otra dimensión fundamental de nuestra pastoral: acoger y acompañar. Como Jesús acogía y acompañaba a las personas, también nuestras parroquias y comunidades están llamadas a escuchar las necesidades de los fieles y caminar junto a ellos. Queremos ser una Iglesia que camina unida y cercana a su pueblo.
Otro momento importante de la meditación estuvo dedicado a la centralidad de la Eucaristía. Ante las dudas y murmuraciones sobre Jesús, Él invita a no quedarse únicamente en las apariencias y se presenta como el Pan vivo bajado del cielo.
Nuestro Arzobispo subrayó que el centro de la vida parroquial debe ser la Eucaristía. Allí donde una comunidad se reúne verdaderamente alrededor de Cristo Eucaristía brotan la vida, la esperanza y la caridad. Nuestra misión consiste también en ayudar a los demás a encontrarse personalmente con Jesucristo.
La reflexión abordó igualmente la importancia de construir la comunión. La sinodalidad no consiste simplemente en organizar actividades, sino en caminar juntos arraigados en Cristo, nuestra roca firme. Por ello, debemos cuidar especialmente la fraternidad, la comunión entre sacerdotes, religiosos y laicos y la unidad dentro de nuestras comunidades.
Finalmente, la reacción de algunos discípulos ante las palabras exigentes de Jesús permitió reflexionar sobre las crisis y dificultades que encontramos en nuestra diócesis y en nuestras parroquias. Seguir a Cristo significa conocerlo, amarlo y permanecer junto a Él también cuando aparece la cruz.
Por ello, las dificultades pastorales no deben conducirnos al desánimo. El Señor nos llama a afrontarlas con fe, esperanza y confianza, sabiendo que es el Espíritu quien da la vida.
D. Francisco invitó también a reconocer algunos desafíos de nuestra cultura actual, señalando especialmente la dificultad para vivir en la verdad, la resistencia a asumir decisiones y responsabilidades y la tendencia a presentarse permanentemente como víctima. Frente a estas realidades, el Evangelio nos invita a vivir con madurez, verdad, responsabilidad y esperanza.
Durante la reflexión se recordó igualmente que nuestra Iglesia diocesana continúa caminando con ilusión hacia importantes acontecimientos eclesiales, entre ellos el Jubileo de Guadalupe y el Jubileo de la Catedral Primada, oportunidades para renovar nuestra fe y nuestro encuentro con Jesucristo.
Después de la primera parte de la jornada tuvimos un momento de descanso y convivencia fraterna, que permitió saludarnos, compartir y fortalecer los vínculos entre sacerdotes, religiosos y fieles de diferentes comunidades de nuestra Archidiócesis.
Posteriormente nos trasladamos al salón de actos del Colegio de Infantes, donde continuó la jornada con la segunda parte de la reflexión sobre el camino sinodal, profundizando en la etapa del «juzgar», y ofreciendonos una detallada explicación de los temas que se tratarán durante este curso en los grupos sinodales.
Terminó esta jornada con la bendición conjunta de nuestro Arzobispo D, Francisco Cerro y de nuestro Obispo Auxiliar, D. Francisco César García Magán.
Ha sido una mañana de oración, formación, encuentro y fraternidad, que nos anima a comenzar este nuevo curso pastoral poniendo nuevamente a Jesucristo en el centro.
Que el Señor nos conceda caminar juntos, construir comunión, acoger y acompañar a todos y hacer de nuestras parroquias auténticas comunidades eucarísticas, vivas en la fe, la esperanza y la caridad.
Paz y bien.
P. Antonio Majeesh George Kallely, OFM
Párroco de San Juan de los Reyes – Toledo




