
Jn 1, 47-51 «Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre»
Queridos hermanos y hermanas, Paz y Bien.
Hoy la Iglesia celebra con gran alegría la fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. No celebramos simplemente seres espirituales poderosos, sino a aquellos mensajeros de Dios que desempeñan una misión especial en la historia de la salvación.
San Miguel aparece como defensor del Pueblo de Dios y vencedor del mal. San Gabriel es el mensajero de la Encarnación, quien anuncia a María el nacimiento del Salvador. San Rafael acompaña, protege y guía a Tobías en su camino.
Esta fiesta nos recuerda una verdad que muchas veces olvidamos: nuestra vida no se desarrolla únicamente en el plano visible. Existe una realidad espiritual que nos rodea. Dios cuida de nosotros y nos acompaña constantemente mediante sus ángeles.
El Evangelio de hoy concluye con una promesa extraordinaria de Jesús:
«Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»
Estas palabras nos invitan a descubrir la cercanía de Dios y su acción continua en nuestra vida.
Reflexionemos sobre tres enseñanzas fundamentales.
Primera clave: Dios nunca abandona a sus hijos
La presencia de los ángeles en la Biblia manifiesta el cuidado amoroso de Dios.
Desde el Génesis hasta el Apocalipsis encontramos ángeles que acompañan, protegen, consuelan y anuncian la voluntad divina.
El mensaje es claro: Dios no deja solos a sus hijos.
Muchas veces experimentamos momentos de dificultad:
- enfermedades,
- incertidumbres,
- problemas familiares,
- preocupaciones económicas,
- dudas espirituales.
En esos momentos podemos sentirnos abandonados.
Sin embargo, la Palabra de Dios nos recuerda que el Señor permanece siempre a nuestro lado.
El Salmo 91 afirma:
«Dará órdenes a sus ángeles para que te guarden en todos tus caminos.»
Esta promesa no significa que estaremos libres de toda dificultad.
Significa que Dios camina con nosotros incluso en medio de las pruebas.
San Rafael acompañó a Tobías.
San Gabriel acompañó a María.
San Miguel defendió al pueblo de Dios.
Y el Señor continúa acompañándonos hoy con la misma fidelidad.
La fe nos ayuda a descubrir que nunca caminamos solos.
Segunda clave: La lucha contra el mal forma parte de la vida cristiana
Entre los tres arcángeles, San Miguel ocupa un lugar especial como defensor contra el mal.
El libro del Apocalipsis lo presenta combatiendo contra el dragón, símbolo de Satanás.
Esta imagen nos recuerda que la vida cristiana implica una lucha espiritual.
Vivimos en un mundo donde existe el pecado, la injusticia y el egoísmo.
Pero también existe una batalla interior en cada corazón.
Luchamos contra:
- nuestras debilidades,
- nuestras tentaciones,
- nuestros miedos,
- nuestro orgullo,
- nuestra falta de fe.
San Pablo decía:
«Revestíos de la armadura de Dios para poder resistir las asechanzas del diablo.» (Ef 6,11)
La buena noticia es que no luchamos solos.
Cristo ya ha vencido el mal mediante su muerte y resurrección.
San Miguel nos recuerda que el mal no tiene la última palabra.
Por eso los cristianos vivimos con esperanza.
No debemos dejarnos dominar por el miedo.
La victoria pertenece a Dios.
Como repetía frecuentemente San Padre Pío:
«No temáis. Jesús está con vosotros.»
Tercera clave: Estamos llamados a ser mensajeros de Dios
Gabriel significa «Fortaleza de Dios».
Rafael significa «Dios sana».
Miguel significa «¿Quién como Dios?».
Los nombres de los arcángeles revelan su misión.
Todos ellos son mensajeros de Dios.
Y también nosotros hemos recibido una misión semejante.
Quizá no anunciemos acontecimientos extraordinarios como Gabriel.
Quizá no acompañemos a viajeros como Rafael.
Quizá no combatamos visiblemente como Miguel.
Pero cada cristiano está llamado a ser un instrumento de Dios en medio del mundo.
Somos mensajeros cuando:
- transmitimos esperanza,
- anunciamos el Evangelio,
- ayudamos a quien sufre,
- defendemos la verdad,
- promovemos la paz,
- y acercamos a otros a Cristo.
El Papa Francisco recuerda que cada bautizado es un discípulo misionero.
Nuestra vida debe convertirse en un mensaje que hable de Dios.
San Francisco de Asís decía:
«Predicad siempre el Evangelio; si es necesario, también con palabras.»
Muchas personas conocerán a Cristo a través de nuestro testimonio.
Conclusión
Queridos hermanos y hermanas, la fiesta de los Santos Arcángeles nos recuerda que Dios está cerca, que cuida de nosotros y que nos llama a colaborar en su obra de salvación.
San Miguel nos enseña a luchar contra el mal con valentía.
San Gabriel nos invita a escuchar y anunciar la Palabra de Dios.
San Rafael nos anima a acompañar y sanar las heridas de nuestros hermanos.
Pidamos hoy la intercesión de estos santos arcángeles para que nos protejan, nos guíen y nos ayuden a permanecer siempre fieles al Señor.
Y que María Santísima, Reina de los Ángeles, nos conduzca cada día hacia su Hijo Jesucristo.
Santos Miguel, Gabriel y Rafael, rogad por nosotros.
Amén.
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM