

[Mateo] “Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis.”
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Como ciudadanos y como cristianos de a pie son muchos los que afectan a nuestro vivir cotidiano con su autoridad. Eso no es malo sino algo inherente a la vida en sociedad que es la civil y también la Iglesia. Como miembros de una y de la otra, nunca podemos reducirnos a ser meros sujetos pasivos que no tienen una palabra que decir o acciones que emprender para que el uso de la autoridad sobre nosotros sea eso, autoridad (del latín “augeo”, “aupar, levantar, enderezar”) y no sólo “podestas”, un ejercicio de poder que nos somete y silencia.
Siendo el discernimiento un don del Espíritu Santo que solo germina y da fruto en el cristiano que acoge dicha siembra en el surco de un camino en crecimiento y maduración de su fe y de sí mismo, cuando se nos despiertan quejas o lamentos respecto de las personas con autoridad o sus decisiones acarrean pesos gravosos para nosotros, hemos de discernir no sólo la legitimidad de cada mandato concreto sino también la de la misma persona que nos lo da. Acataremos siempre la autoridad porque ha de ser así pero, si quien la ejerce se puede acercar a uno de esos “lobos con piel de cordero” que no nos hacen bien ya que buscan primero su propio bien, hemos de evitar la adhesión, la identificación y, mucho más, la resignación silente frente a esa persona.
Como ciudadanos “civiles y eclesiasticos” hemos de tomar opciones ante quienes nos lideran adhiriendonos sólo a quienes honran la autoridad que se les ha dado por la forma de ejercerla, por los frutos que sus acciones reporten para la vida de quienes no están por debajo de ellos por ser autoridad sino que son a los que dicha autoridad y quienes la ostentan deben servir.
La corrección fraterna, los consejos de control e incluso la denuncia ante una autoridad superior son los cauces eclesiásticos. La sociedad civil tiene sus propios cauces. Usemoslos todos para no ser de esos esclavos dóciles y complacientes que prefieren un sometimiento servil al riesgo de ponerse en pie y hacer oír su voz.