

[Mateo] “Desde el cementerio dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: ¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?
Una gran piara de cerdos a distancia estaba hozando. Los demonios le rogaron: Si nos echas, mándanos a la piara. Jesús les dijo: Id.”
———–
Una lectura exética e histórica de este evangelio es interesante pero quizá la hemos oído ya muchas veces aunque “nunca es mal el año por mucho trigo”. De todos modos, vamos ahora a leer este evangelio desde la actualidad por la fuerza evocadora de los símbolos y lo esclarecedor del mensaje.
Endemoniados temibles, que dañan por doquier a las gentes del lugar, cuando ven a Jesús se rebelan y, reconociéndole, temen lo que pueda hacer el Hijo de Dios contra ellos. Podríamos decir que el resultado es que esos seres dañinos terminan como cerdos, haciendo pagar la factura de la escena a los ganaderos del lugar. En Marcos y Lucas, en los textos paralelos a este evangelio de Mateo, el resultado se ve enriquecido con la liberación y redignificación de la persona poseida, un fruto de la Presencia y de la acción de Jesús a no pasar por alto.
En todos los momentos de la historia, y tambien en este tiempo nuestro, siempre hay “seres de apariencia humana”, porque llamarles personas seria una cortesia que su modo de actuar no merece, que parecen endemoniados por su forma de proveer beneficio y poder para sí mismos a costa de someter y dañar a quien sea necesario. Esos seres, esas personas que hacen tan poca gala del calificativo “humano”, conocen al Hijo de Dios, conocen el compromiso del Señor con la causa de la humanidad y por ello le combaten. Hoy, como en la escena evangélica del ayer, la presencia y la acción de Jesucristo comportan la liberación de las víctimas si bien no evita el perjuicio material que el mal uso de la libertad hace pagar a muchos por la codicia endemoniada de unos pocos.
Quiénes tenemos el sacrosanto deber de seguir a Jesucristo, imitando su compromiso y su forma de afrontarlo, hemos de proveer, con todas nuestras fuerzas y medios, la liberación de las víctimas por mucho que esa obra acarree un “perjuicio material” para nosotros. No seamos nunca de los que rogaban al Señor que abandonase su región estremecidos por el desastre sufrido, primando lo que en justicia es nuestro por encima de lo más nuestro, el bien, la libertad y la dignidad de quienes ven como les son arrebatados. Si los demonios hoy nos hacen pagar la cuenta de su consumición, cómo se la trataban de hacer pagar a Jesús, es porque algo estaremos haciendo bien. No tengamos miedo cobarde a quienes tienen mucho menos poder que el Dios a Quien llevamos dentro.