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[Mateo] “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe.”
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“Querer más” es preferir, y “preferir” significa “dar preferencia, primar una cosa sobre lo que no se prefiere ante ella”. El mismo diccionario ya nos ayuda a poner entre signos de interrogación las resistencias que puede suscitarnos una primera lectura del texto evangélico de hoy.

Si Dios es el ser absoluto y nosotros le conocemos como Amor eterno volcado sobre nosotros, Creador y Padre solícito, Hermano y Maestro salvador y providente e interno morador que nos sostiene y preserva (el Espíritu Santo) podremos seguir sumando signos de interrogación a los anteriores, “poniéndolos en negrita” si consideramos que Dios es no solo nuestro origen, principio y fundamento sino nuestro destino más deseable. Si esto lo pensamos desde el Corazón de S. Francisco de Asís diremos con él “Tú eres el Bien, sumo Bien, Bien total a espaldas de quien no hay bien alguno, grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso Salvador” y entonces embadurnaremos de tippex todas las resistencias anteriores.

Si queremos amar como merecen, y más incluso de lo que podrían llegar a merecer los más nuestros,  las palabras de Jesús ponen de manifiesto cuánto es conveniente aprender a obedecerle.

Cuando el amor a Dios es lo primero, la prioridad, lo que se prefiere desde el cultivo cotidiano del amor de Dios que se recibe, honrar a los padres con amor disponible, dispuesto y entregado, con amor paciente e indulgente pasa de ser un principio de moral natural que distingue a los bien nacidos a ser un precioso y valiosisimo acto de culto que los que han nacido del agua y del Espíritu ofrecen a su Padre del cielo en el altar que por Él son sus padres según la carne.

Cuándo los hermanos riñen y se pelean estando ya curtidos de años, cuando el dinero se interpone entre ellos y amenaza con convertirlos en ávidos rivales o cuando cualquier otra cosa se interpone entre ellos separandolos, primar a Jesús, dar culto a Dios obedeciendole como al Señor de la propia vida capacita y mueve a dar siempre el primer paso, y el segundo, y el tercero y siempre otro más para propiciar la reconciliación incluso renunciando a lo que se tiene derecho si fuera necesario.

El Señor Dios es el más grande y Su Amor no solamente es siempre el mayor sino el más fecundante por la potencia unitiva con la que nos vincula a Él dilatando nuestro propio corazón para dar mayor cabida al amor de su Sagrado Corazón, de forma que cada vez más podamos amar a los que ya queremos con un Amor Suyo, como Él les ama. Releyendo el evangelio de hoy ahora, quizá comprendamos que no preferir a Diós sobre aquellos a los que más queremos es una torpe forma de quererles. Aprendamos a fiarnos, aprendamos a obedecer y aprenderemos a amar, verdaderamente, por obra y gracia del Espíritu Santo.